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Hace cosa de un mes fuimos a comer y tomar algo con unas amigas, como hacemos cada fin de semana. No había lugar disponible en todo el boliche, así que una de nosotras le pidió a una pareja de conocidos si nos permitían compartir su mesa. Dijeron que sí. Nos acomodamos.
A mi lado quedó un grupo de cinco amigos, todos lindos. Había para todos los gustos: el rubio, el morocho, el alto, el bajo, el flaco, el musculoso, el de ojos claros, el deportista, el concheto, el pibe de barrio. Todo iba muy bien, hasta que el chico del grupo que más me había gustado empezó a hablar con una de mis amigas. ?Siempre te pasa lo mismo", me dijo otra amiga al oído. "Para la próxima no tenés que hacer ningún comentario?. Es así, diría que casi una regla: cada vez que elijo un candidato, ese personaje masculino se termina fijando en alguna de mis amigas.
Esa noche decidí jugar hasta el final. Cuando quedábamos dos de nosotras y los cinco amigos, fuimos invitadas para irnos todos juntos a otro boliche. Pero mi amiga se negó, así que él ?mi candidato? se despidió diciéndome que en media hora pasaba a buscarme por donde yo quisiera. Lo hizo.
Varias veces le pedí a mi amiga que fuéramos con ellos. La negativa fue constante. Me acordé entonces de otros momentos similares, de que siempre que salíamos juntas y algún chico se me acercaba y ella percibía que hablábamos, que nos divertíamos, que la cosa venía para bien y para largo, ella inmediatamente decía que se iba. Y yo, que siempre he tenido los mismos códigos, me despedía del muchacho que fuera y me iba con ella. Porque soy así: si voy sola con una amiga, me vuelvo con esa amiga, aun cuando los principios no sean ni recíprocos ni los mismos entre nosotras.
Ella es mi amiga, pero tengo clarísimo que compite conmigo. Porque cuando se siente linda, cuando siente que alguien se acerca por ella, está radiante y quiere quedarse, pero cuando se siente ignorada, desplazada, desea salir huyendo sin importarle que ésa puede ser mi noche, no la suya.
Las mujeres somos así? de niña una le cuenta a su mejor amiga cuál es el chico que le gusta. ¿Y qué se logra? Que esa amiga también guste de ?nuestro chico? y que comience a jugar una competencia para sacárnoslo. Luego aprendemos una lección importantísima: solamente a unas pocas amigas le diremos cuál es el chico que nos interesa, pero no resaltaremos sus virtudes porque ya sabemos que si lo hacemos ellas se sentirán atraídas por él y volveremos a tener contrincantes.
A veces pienso que las mujeres somos, por naturaleza, malas, envidiosas y competitivas. Me duele tener que decirlo, pero debemos aceptarlo: cada mujer es una arpía camuflada, un mal bicho.
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