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De mis tiempos de estudiante de teatro guardo recuerdos de mujeres entrañables. Teresita me contó que una vez tuvo un contacto del tercer tipo en un galpón de San Ramón. Me dijo que cuatro extraterrestres la raptaron. No me habló de OVNI alguno. La metieron para dentro de un galpón, al grito de ?Quedate quieta, guacha?, la desvistieron y la violaron dos veces cada uno mientras se iban pasando una botella de Velho Barreiro. Me contó que no se pudo resistir porque la fuerza de los alienígenas era mucha. No recordó cómo eran. Sólo sabía que todos usaban botas y más de uno tenía pelos debajo de la nariz. No pudo divisar antenitas. Supo que tenían dos penes: uno normal como el de los humanos y otro duro que les colgaba al costado, a la altura del cinturón. El segundo no lo usaron. No les guarda rencor, ya que todos se pusieron preservativo, cosa que demuestra que en otros planetas también son responsables. Cuando iban a comenzar la tercera vuelta de violación vino a buscarlos un OVNI terrestre con una sirena. Se subieron a él y por la ruta volvieron a su galaxia.
Teresita pertenecía a una secta llamada ?Devotas del palo verde? (hasta el día de hoy existe y tiene grupo en Facebook). Un grupo en el que todas las mujeres que han tenido relaciones carnales con seres de otro planeta vuelcan sus experiencias. Incluso tienen fotos de personas que son hijos de la mezcla entre terrestres y no terrestres. Impresiona.
Una vez, después de un ensayo, nos emborrachamos y comenzamos a manosearnos con Teresita. Sus tetas eran gigantes, seguramente fueron éstas las que llamaron la atención de los ?visitantes?. Se podían divisar desde el Google Earth. Ver esas glándulas mamarias te hacía pensar sin dudas en la Vía Láctea. Quería entrarle, pero llorando me confesó lo que los extraterrestres le habían advertido: ?Zi alguien te la güelve a poner, el mundo va plotar en milez de pedazoz. ¿Entiendizte, m?hija??.
Desde el ?Incidente San Ramón? nadie había penetrado en ella. Yo estaba tan caliente que no pude evitar ignorar a la raza humana. A las cuatro de la mañana y con una gran cantidad de cervezas encima, decidí que el hombre ya había disfrutado demasiado de este planeta al cual contamina a cada segundo.
Después de aquel polvo de estrellas nunca más volví a ver a Teresita. No fue nunca más a las clases de teatro. Yo sigo esperando que el mundo también se acabe. La vida del actor es simple, no es fácil.
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