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//// Ella, qué más. Pelo sin demasiada producción, cara de dormida que no precisa maquillaje. Fuera ropa estrafalaria, o cirugías a los 38 años. Una voz casi susurrada y bien utilizada, casi tan bien como lo bien que la usaba papá Gainsbourg. Un producto de la genética de Jane Birkin (por suerte de papá Serge heredó otras cosas que tienen poco o nada que ver con el físico). Intento que la columna vaya para el lado de la música, pero no me puedo olvidar de las películas: en 21 gramos (del mexicano Alejandro González Iñárritu) no hizo demasiado, pero en La ciencia del sueño, esa burbuja surrealista dirigida por Michel Gondry, se la ve en toda su esencia. En I´m not there, ese tremendo experimento entre la biografía y la mística de Bob Dylan que hizo Todd Haynes, tampoco está nada mal, aunque su aparición es un poco más breve.
//// Beck en París. El año pasado, Charlotte tuvo un derrame cerebral similar aunque más leve que el que hoy tiene frenado a Gustavo Cerati. Se puso a trabajar en letras y, por supuesto, la mayoría de las canciones hablaban de esa experiencia. Llamó a Beck Hansen, le pidió un par de letras y música, sin explicarle de qué iba el disco. Beck le mandó cosas por el estilo. Todo coincidió en un nombre inevitable que lleva el disco que editó este año, el segundo de su carrera: IRM. Son las siglas en francés para denominar un tomógrafo de resonancia magnética. Según ella, muchos de los ruidos del disco salen de los ruidos que hacía el tomógrafo en el que la controlaban. Beck terminó haciendo coros y produciendo. El disco salió este año y, claro, tiene algo de chanson pero sobre todo un buen encare rockero y desprolijo. Un poco más, ?a lo Beck?, sí. ?Heaven can wait? es una de las mejores canciones de ese disco, y tiene un buen video en el que él y ella cantan y en medio pasan cosas como un disfraz de Bob Esponja perseguido por la policía.
//// Air. La carrera de Charlotte no empezó con este disco sino con 5:55, editado en 2006. Los convocados en la producción fueron Nicholas Godin y Jean Benoit Dunkel, los espaciales y etéreos Air. El disco suena un poco a esos hechizos french touch de discos como Pocket Symphony. El pop está lleno de música que tiene pretensiones, pero a veces sólo las de Air parecen funcionar en verdad. ?Nos gusta que nuestra música se parezca a algo que se puede respirar, tocar, algo que te dé la sensación de que estás sumergido físicamente?, dicen. En discos como ese, y a veces en el fundamental Moon Safari de 1998, ese efecto realmente funciona.
//// Jarvis Cocker. El ex cantante de Pulp y ?por robo? el mejor frontman que tiene la música británica hoy, escribió varias de las letras del 5:55. Desde la separación de Pulp, Jarvis se fue a vivir a París y ahí conectó con ella y con los Air. El resultado es un disco que lleva la lucidez de sus letras dentro de esos hechizos electrónicos de Air. La voz de Charlotte es la protagonista, y el toque final. Ojo, no es que las letras de Jarvis en este disco sean grandes tratados existencialistas. Jarvis, disco que editó en 2007, es un disco de grandes melodías pop rock que celebran la vuelta de su oscuro y a la vez irresistible registro, a veces tan cerca del propio Gainsbourg padre. Further complications es otro asunto, una cosa más sucia, complicada y cercana al noise. Hay que darle varias escuchas y romper esa capa para encontrarle la vuelta a ese trabajo que salió el año pasado.
//// Neil Hannon. Es el cantante de The Divine Comedy, apenas otra banda indie a la que presté poca atención hasta que me enteré de que había participado en este disco. Entonces me bajé Victory for the comic muse, un muy buen trabajo que en 2006 hasta se llevó algún premio por voto popular en Inglaterra. Es un disco divertido y efervescente que funciona bárbaro para una caminata. Hannon puede parecer un pretencioso, pero lo hace muy bien en la mayoría de estas canciones.
//// Papá Serge. No me costó demasiado entrarle a Serge Gainsbourg. Es que lo primero que tuve en mis manos fue Aux armes et caetera, un espectacular disco de reggae que el ícono francés grabó? en 1979. O sea, el tipo llevaba doce discos y decidió a meterse con el reggae. Ese trabajo es considerado el primer disco francés de reggae en la historia de la música de ese país. Una locura, si pensamos hoy en el intercambio que tiene ese país con la música de raíz africana. Después, claro, vino el famoso ?Je t` aime, moi non plus? que grabó con la Birkin, y el cargadísimo de vibra sexual ?Histoire de Melody Nelson?. Hay un antes y un después de escuchar a Serge Gainsbourg, para bien o para mal. Yo se lo debo a la nena. Además, padre e hija grabaron a mediados de los ochenta la canción ?Lemon incest?, que bastante lío armó en ese momento. Piensen en un padre y una hija reflexionando sobre la pedofilia en una canción que se escuchó en toda Francia? en 1985.
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