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Es conocida la zalamería y fascinación que Woody Allen tiene con sus mujeres. Las trata con una admiración timidona porque las ve como el problema y la solución a todos esos problemas. Pero ninguna es como Judy Cum o Linda Ash, la estrella porno y prostituta fértil de Poderosa Afrodita. Ella es un modelo discontinuado de heroína.
La historia es la de un periodista deportivo judío y neoyorquino -el envase ocasional que Woody Allen eligió para su eterno personaje- que está en pareja con una galerista pusilánime que carga todos los tics de Helena Bonham Carter, lo que es cosa fea. A ella se le antoja adoptar un niño, circunstancia que él rechaza pero a la que termina sometido (y loco de la vida) cuando empieza a proponerle nombres en una lista que incluye Groucho y Thelonious, sin que el libreto pida disculpas por la obviedad. Se deciden por Max.
El personaje de Woody Allen encuentra en el hijo adoptado, un cómplice para sobrellevar la indiferencia cercana al adulterio de su esposa. El niño resulta un superdotado y Allen empieza a buscar a esa maravilla genética que deben ser los padres biológicos.
Ahí aparece Linda, un desprendimiento, con ambiciones grandes, de las clases más bajas y poco cultivadas de la sociedad. No ha tenido suerte: es prostituta de 200 dólares la noche, ocasional actriz secundaria de películas de franja verde, un imán para novios cretinos y tuvo que entregar a su hijo en adopción. Tiene la voz de helio y el culazo de Mira Sorvino. Vaya encanto. Aunque sus antecedentes sexuales y su franqueza rústica no la hacen la favorita de una agencia matrimonial, la tipa es un verdadero diamante.
Es Afrodita, por lo que representa muchas opciones femeninas: la complacencia sexual, la novia amorosa, el vientre reproductor, y no miente en ninguna de esas caras. Ser una diosa griega es un asunto serio para una muchacha del medio oeste americano. Una cita a ciegas, improvisada por el personaje de Allen, se frustra para evitar lo que en su intento de nivelar para abajo, terminaría siendo un castigo. Y a un personaje tan lindo como Linda no se lo castiga. El Allen personaje y el Allen guionista saben lo que hacen y la llevan hacia territorios más convencionales, sí, pero también más gratificantes para una mujer golpeada como ella, perdedora por goleadas de ciertas tranquilidades que su belleza merecería.
Nada, eso. Era que si vamos a hablar de mujeres en el cine, antes que nada que se hable de las mujeres que son para enamorarse, como esta Afrodita de acento campesino. Este homenaje es para ella, para la novia del cine. Porque es de esa clase de chicas de las que ya no quedan. Y porque de las otras, el mundo está lleno.
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