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Con el personaje UNO hice un trabajo de hormiga. Lo veía cada noche en el mismo boliche pero para él yo no existía. Un día se alinearon los planetas y la amiga con la que frecuentábamos aquel antro descubrió que conocía a su mejor amigo. Fui, saludé al amigo de mi amiga, le dije que yo era la chica interesada en su amigo y que se lo dijera inmediatamente. Lo saqué a bailar. Me dijo que ?no?, pero me invitó a tomar una cerveza. Pasó el tiempo. Yo disfrutaba de su compañía. Una noche me miró a los ojos y me dijo que lo nuestro no iba a funcionar porque políticamente estábamos en las antípodas. Pero volvimos a vernos. Siempre seguíamos viéndonos. Y cada noche, cuando amanecía a su lado, me recordaba que ese año no iba a enamorarse, que no quería compromisos, que él quería estar solo. Nos alejamos, pero a mí me sirvió para saber que el hombre con que soñé toda la vida existe.
Con el personaje DOS fue diferente. Él resurgió de las cenizas. De unas cenizas muy viejas. Apareció con un único propósito: rendir una materia pendiente, y esa materia pendiente en su vida era ni más ni menos que yo. Lo hizo todo muy pero muy bien. Fue dulce, tierno, romántico. El único error que cometió fue la confesión de la primera tarde. Se presentó contando que había estado seis años de novio, que engañó a esa novia y se fue a vivir con la amante, que se había separado recientemente y que a raíz de ello descubrió un mundo lleno de oportunidades con mujeres fáciles y mucho alcohol del que se había mantenido alejado y el cual no pensaba abandonar hasta dentro de mucho tiempo. Su objetivo era claro: una noche conmigo y la consiguió. La tuvo y se fue. Lástima que no me dejó darle las gracias por haberse esforzado tanto y haberme hecho pasar una noche increíble.
Con el personaje TRES fui a su casa porque yo misma lo incité a que me lo propusiera. Le hice el camino fácil, le di todo servido en bandeja y me metí entre sus sábanas. Esa noche él era un niño borracho y dicen que los niños y los borrachos dicen la verdad, así que fue sincero. No quería relaciones serias ni compromisos ni historias ?yo ya había escuchado eso antes, pero si se repetía era porque no había aprendido la lección-. Me confesó que le gustaban demasiado las mujeres y que quería estar cada noche con una distinta, hasta que se cansara y entonces volviera a buscar a la única mina en el mundo que había tocado su corazón. Habíamos tenido una gran noche y esa mañana supe dos cosas: una, que no había un corazón latiendo dentro de mí, y dos, que si reclamaba honestidad debía estar preparada para oírlo todo, incluso lo que no quería ni esperaba. A partir de ese momento así fue, y valió la pena.
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