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Cuando se inauguró el 49ª Salón Nacional de Artes Visuales, todo era madera apolillada, paisajes de campo, arpillera y tinta china. Me invadió entonces la depresión y el público octogenario tampoco ayudaba. Había ambiente de tango y milonga. Iluso, pensé que nuestro Museo Nacional contaría con una salida de emergencia, así que caminé hasta el fondo de la sala mayor. Para mi sorpresa, cual destino divino, ¡vi la luz! O mejor dicho me encontré frente a ?Oración en la tarde?, un cuadro dotado de hermosura: un oso de peluche crucificado y a sus pies, como una Magdalena, Sarah Kay. Era una de las obras increíblemente premiadas del pintor Sergio Porro. El resto de los artistetes, en el correr de los años, quedaron por el camino. Pero a partir de entonces, S.P. no paró de ser galardonado y ha realizado exposiciones en las principales salas de nuestro país (*).
Los críticos de arte contemporáneo han expuesto sus veredictos -siempre incongruentes- sobre la obra de S.P. Algunos piensan que su obra es irreprochablemente kitsch, otros que es cien por ciento pop, incluso se ha escuchado que la banalización ha llegado a la sacrosanta pintura nacional. Ni hablar del criticón que padece sueños húmedos y se hizo adicto a la Fanta Naranja luego de ver en dos cuadros a Caperucita Roja ?jugando? con el Lobo Feroz.
Se sabe que el pobre Walt Disney está congelado desde hace un buen tiempo. Suelo preguntarme cuál será su reacción cuando sus nietos lo reanimen en el año 2012. Por suerte Hanna&Barbera -que nunca entendí su condición sexual- están bajo tierra, y el resto de ilustradores anónimos de las últimas dos décadas que trabajan para los estudios Warner, con dirección postal en Asia, ni pinchan ni cortan.
Es que con las obras de S.P. nadie se salva. Nos ha transmutado la galería de ídolos de nuestro imaginario infantil, y luego de ver sus cuadros dichos ?personajes? ya no serán los mismos a la hora de ojearlos antes de dormir: Blancanieves es San Sebastián; un Teletubbies es ?El pensador? de Rodin, Snoopy tiene las manos manchadas de sangre, la inocente y virginal Alicia usa medias con el logo de Playboy.
Este mes de marzo el Centro Municipal de Exposiciones del Subte abre la temporada haciendo énfasis en el arte joven y bien contemporáneo, así que dedica toda su sala mayor -que además es una de las más lindas de Montevideo- a la obra reciente de S.P (**). Ahora los personajes pegajosos de Disney dan paso a la seducción de las chicas del animé japonés y el manga, con miradas profundas y fondos oscuros amenazantes, pero siempre haciendo alusión a las obras maestras de nuestro arte accidental & cristiano.
Como escribe el propio artista en su catálogo: ?Creo lícito mezclar elementos banales con conceptos trascendentes, religiosos, o elementos dramáticos, para generar un ?shock? momentáneo, un ?dislocamiento? como metáfora del desequilibrio, de la insatisfacción humana y del sentimiento de vacío del hombre contemporáneo; todo esto desde otra mirada, desde una mirada latinoamericana y uruguaya, desde la periferia, para llegar a la tradición sincrética del continente latinoamericano?.
(*) Nacido en Montevideo, en 1970, Porro ha sido seleccionado en los Salones Municipales de 2002 y 2004, y en los Salones Nacionales de los años 2001, 2003 y 2006. Ha obtenido premios y menciones, entre los que se destacan el Primer Premio Philips (2000), Premio Adquisición en el 49º Salón Nacional (2001), Segundo Premio en el Primer Festival de Muros de Montevideo (2000). (**)WATASHI se llama la expo de obra reciente que Porro expone los meses de marzo y abril de 2010. Centro Municipal de Exposiciones ? SUBTE. Fotografías de las obras pubicadas en esta nota: Martín De Rossa
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