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La noche anterior Matías se había olvidado de cerrar la persiana de su cuarto, entonces la luz lo despertó mucho más temprano de lo que hubiese querido. Por suerte, porque se había olvidado de poner el despertador. Había tenido una noche complicada.
Se despertó mojado, transpirado y pegajoso. Cuando vio la hora que era le dio rabia, pero estaba con esa angustia post-borrachera que no lo dejaría seguir durmiendo.
Puso a calentar agua para el mate y se fue al baño. Se dio cuenta de que no había prendido el calefón la noche anterior, pero hacía tanto calor que no le importó bañarse con agua fría; de hecho, le venía bastante bien. Matías estaba salado, literalmente. Salado de transpiración, y también de alguna que otra lágrima. Se frotó muy fuerte con la esponja para sacarse esa sensación de sal.
La noche anterior Matías se había olvidado de muchas cosas, menos de la que le hubiese gustado olvidarse. En una mezcla de melancolía y vino, Matías hizo fuerza para olvidarse de Mariana, pero en el fondo sabía que no tenía sentido intentarlo. No la iba a olvidar, ni quería. De hecho hizo todo lo que se propuso no hacer, como llamarla, dejarle mensajes, mandarle mails? todo en plural. Mariana se había ido hacía unos meses a Londres y la relación entre ellos se había terminado. Esa noche el vino y el calor le cayeron mal a Matías, pero mucho peor le cayó la soledad. En el fondo sabía que se merecía estar solo, porque todo el tema de Mariana lo había mantenido bastante alejado de sus amigos, incluso después de que ella se fuera.
En Montevideo no había nadie; la noche había sido una de esas de enero que por más que se quisiera hacer algo, no había adónde ir, y en caso de que lo hubiera, es difícil encontrar con quién. Entonces había decidido tomar algo en su casa. Solo, obviamente.
Salió de la ducha, apenas se secó con la toalla, y se sentó a tomar mate y a mirar por la ventana. Era una mañana de 30 grados fácil. De a poco le venían flashes de la noche anterior, pero eran bastante difusos. Se fijó en el celular y, efectivamente, había llamado cuatro veces por teléfono a Mariana. Se fijó en los mails enviados, y había tres, bastante incoherentes y dignos de una borrachera importante. Matías se sintió patético, pero no podía deshacer lo que había hecho. Otra vez se sintió todo salado.
En la mesa había dos botellas de vino vacías, evidencia de lo que había sucedido. Apoyó el mate y por un momento tuvo la sensación de que Mariana estaba cerca. Se sintió raro y supuso que era porque todavía estaba un poco borracho. Siguió sentado junto a la ventana por un buen rato, hasta que llegó la hora de ir a trabajar. Fantaseó con faltar, pero como era enero, la mitad de sus compañeros estaban de licencia y los jefes lo iban a cagar a puteadas. Entonces juntó fuerzas, se vistió y salió a la calle entregado, en un estado de que sea lo que dios quiera. No había un alma afuera, entonces llegó bastante rápido. Se alegró al ver que no había mucho trabajo, porque en su estado no estaba para nada. Lo único que pudo encarar fue hacerse una jarra enorme de café y esperar que el tiempo pasara.
Como Matías no usa reloj, siempre se fija la hora en el celular. Pero esa mañana se lo olvidó, igual que como en la noche anterior se había olvidado prácticamente de su dignidad. No le importó demasiado, total, nadie lo iba a llamar. Matías estaba equivocado, porque el celular empezó a sonar arriba de la mesita que estaba junto a la ventana, donde había estado sentado tomando mate. Mariana estaba en Montevideo, pero él no lo sabía. Había venido a pasar el año nuevo en familia, y se quedaba hasta fin de enero. Lo llamó dos veces desde un teléfono público, y al ver que Matías no atendía dejó de insistir. Ni siquiera dejó un mensaje de voz.
(*) Verónica Chodes tiene 28 años. Es Licenciada en Comunicación, trabaja en publicidad y escribe en una revista de cine y entretenimiento. Tiene 5 perros con nombres rusos: Sascha, Igor, Boris, Iván y Yuri. // Es la invitada de enero en la serie ?Ozono?, espacio de ficción para escritores jóvenes. Asesoría meteorológica y coordinación: Pablo Trochon (ozono@freeway.com.uy).
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