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Este verano 2010 no podré disfrutar de la ciudad desierta de Montevideo que tanto me gusta para caminar por las noches. Cuando esta revista se imprima estaré muriéndome de frío, por no usar otra palabrota, en la ciudad de París.
Mi último verano fue en agosto de 2009, en Barcelona, realizando en Hangar, (*) una residencia para artistas visuales. La gente en Barcelona es muy simpática, saludan con dos besos a todo el que cruzan por la calle, desde el chofer del autobús hasta las chicas-chicos de la zona roja de Montjuic. El catalán es muy simple de aprender: se habla como gritando y sacando la última vocal a todas las palabras. Al principio es medio trabalenguas, pero te acostumbrás a habl_r cortad_. De igual manera a ellos les encanta nuestra forma de hablar, así que alcanza con hacer una pregunta y te dicen inmediatamente ?argentino-maradona?.
La ciudad está llena de gente de paso, y se puede tomar el autobús turístico que en veinte minutos (¡y por 21 euros!) te lleva a todas las casas de Antoni Gaudí a una velocidad de 430 km por hora. Importante llevar cámara automática desenfundada porque no da tiempo para nada.
El que sí me fascinó fue el tour ?W?, que se recorre caminando los principales puntos en los que el mega-director Woody Allen filmó la famosa película donde Penélope Cruz hace de española. Cada sitio está debidamente identificado con una foto de W. con su hija/esposa coreana retratados ambos en el lugar visitado. Muchos turistas dejan flores debajo de la foto enmarcada. No sé para qué, porque no son tumbas y el tipo tampoco está muerto ni enterrado en ningún lugar del planeta.
En Barcelona no tiene sentido comenzar dietas, iniciarse en la cultura zen ni nada por el estilo, porque la noche está llena de purpurina, excesos y tentaciones. Es una ciudad repleta de bares, a razón de ocho por esquina, uno arriba del otro.
(*) Centro de Producción de Artes Visuales ubicado en el barrio barcelonés de Poblenou. Info en www.hangar.org
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