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A los criticones de arte (*), cuando se trata de hacer balance, nos encanta hablar de crisis. Pero este 2009 no dio ni para eso, y yo que odio esto de los balances, les aviso que vengo de un lunes pasado por agua y con los pies totalmente mojados, así que mi mal humor está que rompe el termómetro.
Los artistas emergentes que prometían romper los viejos esquemas del arte de Tontovideo dejaron en claro, con sus tímidos proyectos, que están más interesados en adaptarse y/o agradar a los dinosaurios del sistema que en cualquier otra cosa.
Algo similar hicieron los artistas con mayúsculas, que se quedaron esperando el Salón Nacional o el Municipal y ambos faltaron a la cita.
Los que se mantuvieron activos y hay que reconocer que son verdaderos creativos para sacarle el jugo hasta a una naturaleza muerta, fueron nuestros queridos curadioses, que ahora encontraron una nueva veta para no perder vigencia: las retro/homenajes a artistas fallecidos.
Sí, sí, es muy simple. Lo que hacen es una ardua investigación de la obra del difunto, que les lleva años y es financiada por entes públicos o privados. En realidad la búsqueda consiste en ir a Tristán Narvaja todos los domingos, comprar viejos catálogos de la década del 60 por 10 pesos y resumir con marcador flúo amarillo lo importante de cada crítico de la época. Luego se busca a la viuda, que por lo general está ingresada en un residencial en Paso Molino o en el Interior del país y se le piden los cuadros que tiene en el comedor diario de la casa de los hijos o en la casa del balneario de la familia. La viuda queda chocha, porque el día de la exposición llamará a sus amigas y les tapará la boca diciéndoles que, al fin y al cabo, el marido no era un atorrante-borracho sino que cincuenta años después se lo reconoce como un genio. También los hijos se hacen falsas ilusiones pensando que Sachi va a comprar la obra de papito y ellos van a quedar parados de por vida. (Ellos aún no saben que Sachi no sabe ni dónde queda Uruguay).
¿Por qué los curadores aman este nuevo formato-homenaje? Es muy simple. Todo el presupuesto va para la curaduría, el muerto no cobra y la viuda ni pincha ni corta. Por otra parte no tienen que hablar con el artista de qué tipo de obra le gustaría mostrar ni lo que esta significa, y en materia de texto ya está todo escrito, por lo cual citando y citando se arma un catálogo libro que le deja al curadios su ego por las nubes y algún peso extra si se llega a vender en librerías de Centro y Ciudad Vieja.
Esta nueva moda apenas comienza.. Prepárense para un 2010 lleno de homenajes.
(*) Criticón de arte = Crítico de arte de los años 80, desocupado y pretencioso.
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