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Alberto se baja los pantalones, los mismos que usa desde hace más de un año y que antes eran grandes y ahora no cierran por el abultado vientre desarrollado. Alberto tiene el mismo calzón agujereado y palometeado desde hace una semana. Alberto se sienta en el water sucio, que no es capaz de limpiar porque le da pereza. Alberto sueña que puede pagar una empleada para que lo limpie bien.
Se sienta y se sonríe porque sabe que la mierda se viene con fuerza y eso lo pone contento, una sensación cercana al orgasmo. Le gustan los temas abyectos. Alberto se cree que es de inteligente decir abyecto, lo aprendió alguna vez por ahí como que Reikiavik es la capital de Islandia. Cree que la mayoría de las personas no lo saben, pero él siente que es inteligente diciendo eso, abyecto, abyecto, abyecto.. Alberto usa mucho la palabra para explicarle a los que no saben, ni siquiera está seguro de que sea así.
Alberto agarra las revistas para ver si encuentra algún objeto masturbatorio, alguna Miss Noviembre, por ejemplo. Piensa en que tocarse a esta hora de la mañana, cuando los ejecutivos están haciendo negocios felices, es de idiota e inútil, porque él está en su casa sin un objetivo claro. Pero Alberto ya cree que todo edificio siempre se desvanece. Alberto ya ni cree que las cosas le puedan salir. Alberto se escuda en su vocación para vagar, menos mal que la casualidad lo cuidó. Porque si no, qué sería de Alberto.
Alberto caga con la campera puesta, la misma de siempre. Alberto dice que esa campera es la mejor que hay, pero es porque no puede tener otra. Alberto piensa por unos segundos que le puede ir bien y se siente feliz, después piensa todo lo contrario y ya se siente mal.
Alberto le teme a la locura, a desvariar. Alberto corre por las calles escapado de un psiquiátrico privado que paga su destino, su hermana llora, su hermano respira profundo, piensan: ¿Qué pasó con Alberto? Alberto llora cuando se da cuenta dónde se quedó. Alberto llora sobre el teclado. Alberto piensa que esta parte es buena. Alberto es emotivo y mucho mejor que muchos. No lo para nadie.
Alberto está lejos.
Alberto, lo tuyo no es nada, pero es mío. Alberto tiene que cuidar a Buby. Alberto pide restos en las carnicerías para Buby, que tiene frío, y caminan por la calle solos, van a los parques a esperar que la vida pase. Alberto está barbudo. Alberto tiene miedo del mundo. Entre la gran barba se pueden ver unos ojos inocentes, que parece que ríen y lloran.. y es porque ríen y lloran. Porque Alberto es como un falso contacto, entra y sale de la realidad. Alberto tiene miedo de que le pase algo a Buby. Alberto soñó que un perro grande comía los restos de Buby en medio de la calle. Alberto no quiere creer en sueños, pueden ser peligrosos.
Alberto es un pichi. Alberto se fue porque no pudo. Cuando lo visitan y le dejan cosas, Alberto se hace el ido de la realidad y no mira a nadie, jamás deja que le vean el rostro y menos los ojos. Alberto no pudo consigo mismo. Alberto, el pichi de la campera sucia, en las noches tiene miedo. Aprendió a defenderse con un cuchillo Tramontina. Alberto tiene miedo de la policía.
Alberto sueña que no es lo que es, y cuando despierta opta por la locura, porque la realidad no es lo que quiere. Alberto no es eso. Alberto gordo. Alberto no puede cerrar la boca. Alberto charlatán de charlatanes. Alberto limpio. Alberto premios. Alberto aplausos. Alberto con capa y espada. Alberto volando por encima de todos. Alberto capitán del barco. Alberto, con apartamento de diseño. Alberto se puede tirar a descansar calmo y lleno de éxito en una cama limpia. Buby salta pulcro y delicado sobre su cama. Alberto lo pone sobre sus rodillas, le hace mimos y le dice: le ganamos a todos. Alberto está donde debía estar. Alberto piensa que es una farsa.
Alberto piensa que un agujero en el zapato es jodido. Es mucho peor que el calzón palometeado, porque la palometa o el agujero del calzón pueden responder a ser sucio y vago, y más que nada está escondido. Sólo nos deja en infracción cuando estamos por tener éxito, y pasás vergüenza pero se sale de esa porque estás apunto de penetrar, de dar el gran golpe. Pero el zapato roto en un ejecutivo de bondi. El zapato roto. El zapato de ejecutivo, de empresario roto, es muy jodido el zapato roto, la media con pelotillas, el traje gastado, o ajustado de gordura, de baja calidad. La camisa brillosa de los diez mil usos. Dejar el maletín sobre la mesa y dormirse. Alberto cree que nadie tiene el zapato roto, que sólo él tiene el zapato roto.
Porque irse a un breakfast puede ser sou terribol.. y aconsejo no conocer a Julia Kristeva.
(*) Pablo Schulkin (1979). Licenciado en Comunicación, documentalista, productor de tv y redactor creativo. // Es el invitado del mes en la serie Ozono, espacio de ficción para escritores jóvenes. Asesoría meteorológica y coordinación: Pablo Trochon (ozono@freeway.com.uy).
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