|
 |
|
|
|
Varios amigos me han incitado a que conteste una suerte de dos o tres comentarios que fueron dejados en la web de Freeway -como siempre anónimamente- en relación a una columna que escribí y publiqué en esta misma revista, sobre el cine nacional.
Me resisto, en primer caso, a hacer una nota sobre esos comentarios. No me molestan, ni me duelen; ese tipo de comentarios solo hablan de quien los escribe, y como en este caso son anónimos, gastan el tiempo de ellos, no el mío. Internet está lleno de gente que se dedica a dejar su comentario u opinión sobre notas, críticas, entrevistas, artículos o todo espacio que se lo permita. Democracia, libertad, tiempo libre; podemos adjudicar el fenómeno a muchas causas, incluso esta nota probablemente tenga en su versión virtual algún que otro comentario. Está bien, es parte del juego y me da igual. Adelante.
Lo que sí me anima a escribir es que esa nota pueda ser leída o interpretada como una crítica soberbia al cine nacional, cuando en realidad solo intentaba ser una broma personal hacia mi forma de ver el arte. Es sobre esto que quiero hablar.
Quienes puedan leer la columna Futura película uruguaya (*), reconocerán en la nota algún dejo irónico sobre un mismo corte en las películas uruguayas y una propuesta -tonta y pretenciosa por donde se la mire- a marcar una alternativa. Lo interesante es que en ningún momento la nota hace una crítica de valor o calidad hacia el cine nacional. Es más, la alternativa que plantea es incluso más débil, vacía, frágil y artificial que su precedente.
Creo que se cae de maduro que la nota era simplemente una escritura personal que se basaba en los clisés de las películas uruguayas para proponer una alternativa que se basa en el clisé de mi teatro -como dijo alguien por ahí, ?caca, pichí, culo y viejas asustadas?-. No hay valoraciones ni juicios, simplemente posturas y caminos narrativos diferentes, tan válidos o inválidos como el lector decida.
Pero para que no se diga que le estoy sacando el culo a la jeringa, y porque si algo demostró esa nota es que bastante de verdad hay tanto en la columna como en los que la comentan, me gustaría dar mi opinión sobre un cierto corte que en algún momento parecía atravesar nuestro cine nacional. El aire lento, cotidiano, falto de aparentes conflictos en la superficie que durante un buen tiempo marcó nuestro emergente cine nacional, no solo no me desagrada sino que forma parte de mi mayor gusto por el cine nacional. Nada más lejano a la crítica en este sentido; si alguna crítica cabe ?y espero que nadie se enoje, ya que las susceptibilidades parecen estar a flor de piel- fue sin duda la falta de diversidad de discurso y planteo narrativo en torno al guión. Salvo algunas excepciones como Alma mater -quiero remarcar que sigo sin dar juicios de valor sobre los productos y me estoy enfocando en su valoración narrativa-, las películas uruguayas parecen seguir una suerte de mismo camino narrativo en torno a historias sencillas, con conflictos profundos pero ocultos en donde -al mejor estilo chejoviano- las historias simples y cotidianas esconden grandes cráteres de emociones, conflictos y mundos. No era ni es mi interés decir que este cine es mejor ni peor que otro; es más, vuelvo a decir que en lo particular este cine me encanta, y me siento muy orgulloso de que actualmente haya un lugar en el mundo para esta manera de contar historias. Mi crítica o mi observación, si es que cabe llamarla de alguna manera, no va dirigida a los hacedores de cine ?creo en la libertad creadora y cada uno debe hacer lo que le cante el alma o el pito y no responder o reaccionar a modas ni contra modas? sino en la reflexión de los caminos que una disciplina artística suele seguir.
Si alguien se ofende por esto, seguiría sin entender. El cine nacional es bueno y de calidad, lo demuestran las películas logradas, el público que acompaña, los premios y reconocimientos nacionales e internacionales. No necesitan ni ellos ni nadie que ningún Calderoncito venga a decirles cómo hacer sus películas. Pero claro, la democracia y la libertad son la democracia y la libertad, por lo que ese Calderoncito puede decir lo que le parezca, con respeto y fundamento, sin necesidad de ser colgado en la plaza pública o pasar a la lista de enemigos del cine nacional por notar y marcar lo que se cae de maduro.
Leer nota Futura película uruguaya (*)
|
|
|
|
|
|