|
 |
|
|
|
Acertar el futuro es una tarea ingrata y suicida, la clase de desafío que sólo toman los desfachatados o los valientes. Pero qué es la vida sin alguna clase de aventura, aunque más no sea consuelo del sedentario especular sobre cómo van a estar las cosas, de aquí a un tiempo, en determinada área. Cómo va a ser el cine, por ejemplo: después de todo es una de las pocas cosas que importan. Es de creer que para 2029 seguramente estemos aún en la vuelta, así que es de desear que sigan existiendo lo que hoy llamamos películas; si no, no va a haber quién aguante.
ADAPTACIONES Y FORMATOS Hace veinte años, el cine era un casi monopolio de cinco magnates que tenían el dinero para financiar películas, controlaban cómo se las hacía, cómo se las vendía, dónde exhibirlas y cómo promocionarlas. El resto del mundo consumía todo eso primero en las salas de cine, después en la televisión, a lo que se agregó una caja negra bastante fea que se dio en llamar videocassette y que se alquilaba en locales llamados video-clubes. Con el tiempo la oferta de ver películas se extendió a los canales de cable, a las ediciones en DVD y ahora a las exhibiciones online.
La industria del cine se ha pasado los últimos 50 años inventando plataformas para mostrar su mercadería, con una capacidad de adaptación importante. Lo único constante en toda esa línea de tiempo son las películas. La capacidad técnica de copiar ese material y disfrutarlo, sin aportar un peso a aquellos que antes controlaban todas las etapas del negocio, es un desafío importante para esa gente. Hoy se coló un polizonte en rubros tan redituables como la exhibición y distribución, y eso es un montón de dinero que se pierde. La meta de la industria es encontrar cómo recuperar esa pata del negocio, ante un público cada vez más acostumbrado a tenerlo gratis y a que le consientan su impaciencia. Por ahora la pelean con el cine 3D, que es una gansada novelera que podría llegar a tener vuelo corto. Y encima, ese sistema de copiado ha generado toda una mafia de la piratería, por lo que hay una parte del negocio en la que otros, sin el riesgo de la inversión, están ganando algo que debería tocarles a ellos. No creo, en definitiva, que mucha gente vaya a querer ir al cine, más que como un paseo con algo de romanticismo, o a ver el invento tecnológico que lo sorprenda durante quince minutos.
EL GUSTO DE MIRAR A la hora de buscar responsabilidades, la mayor culpa la tendrán las cada vez más confortables maneras de ver películas; no sólo en un monitor rasca de 14 pulgadas, sino el televisor de esos planos del tamaño de la pared de un rancho. Si alguien está dispuesto a pagar por una película, seguramente pretenderá verla en el superequipo de su casa, cuyos costos se abaratan cada vez más. La calidad va a ser excelente y por ahí se podrá canalizar ver productos de calidad, aunque la formación cinematográfica del público que ve películas comerciales hace temer que el gusto futuro no va a ser lo que se dice refinado. Olvidate de Tarkovski. Un informe de esta semana de New York Times avisa que la vieja idea de que la capacidad de atención online para ver algo es de dos minutos es cosa del pasado. Como a todo en esta vida, nos hemos acostumbrado a ver productos en pantallas de computadora; incluso Youtube, que antes no subía nada de más de diez minutos, ya tiene una sección para productos más largos.
HAZLO TÚ MISMO La tecnología también ha permitido que sea más barato hacer películas y más barato distribuirlas, exhibirlas y promocionarlas. La universalización de la computadora personal, la accesibilidad a programas, la disponibilidad de banda ancha, han convertido a un arte que necesitaba un despliegue importante de gente y aparatos, en un arte portátil, que cualquiera lo puede hacer -con disciplina, por ejemplo, aunque es claro que no necesariamente estamos hablando de calidad-. Eso ha abaratado mucho los costos y dejado sin trabajo a un montón de intermediarios. Hay mejores momentos escondidos en Youtube, por ejemplo, que en el 90% de las películas que se estrenan.
Y uno es, en todo caso, al mismo tiempo optimista y pesimista. Un cine más democratizado en todas en sus etapas, parece ser una buena noticia. Ahora, cómo va a ser el contenido de ese cine, eso es un poco más complicado. Como arte el cine ha venido en picada desde hace mucho tiempo: hoy las películas son peores de lo que solían ser y eso es una verdad que no admite discusión.
|
|
|
|
|
|