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Me llama Ary para que vaya al cumpleaños de Maia, mi sobrina. ¿Ya tiene un año?, le pregunto. Sí, lo que pasa es que vos te la pasás de aquí para allá, me corta, visiblemente malhumorado. Pregunta dónde estoy. En Berlín, tomando sol en un barco, cerca de Postdam, le digo, con la mayor precisión posible. Bueno, siempre en cualquiera, ¿vas a venir?, escupe. ¿Cuándo es?, pregunto yo. El sábado. Ahora soy el que se muestra ofendido: ¿Este sábado?... Ya te dije que planeo siempre las cosas con tiempo, pero bueno, qué cosa, voy a ver si consigo algún vuelo. Seguimos hablando. Le digo que corte y que yo lo llamo, que no me cuesta nada, porque el teléfono que estoy usando me lo vendió un turco, en París, hace como cuatro años por solo veinte euros. Me dijo que en dos días se iba a cortar, pero nada... y tiene roaming internacional sin límites. Mi hermano se asusta un poco con lo que le cuento.¿Y si te encuentran?, ¿Y si??, Decime, ¿ vos tenés guita para el pasaje? Muchas preguntas. Tengo una agencia a la que le mando mensajes de texto y me lo reservan al toque, trato de tranquilizarlo. ¿Y cómo pagás?, sigue preguntando. Pero ya te dije Ary, este teléfono es súper pro: tiene una agenda buenísima y un vació burocrático fabuloso. Me grita que voy a terminar en cana. Decime, gurí ?lo interrumpo- ¿a vos qué te parece que alguien va a salir a buscar a un boludo con teléfono, o simplemente lo van a dar de baja? Discutimos un rato más, hasta que dice Ok, ok, ok? llegá temprano. Siempre sigo los buenos consejos de Ary.
Llego a Tandil para el cumpleaños. Fin de semana largo. Ya no recuerdo qué mierda se conmemora entre el 12 y el 15 de junio, excepto el consumo turístico. Los grandes éxitos se recorren en una tarde: piedras movedizas, cristos, fortines, casinos, canchas de tenis. Los quesos, fiambres y embutidos para turistas, son venerables, es cierto. En el auto pongo FM local y suenan, en orden y sin pudor, Chayanne y después Blur y después Arjona y después Charly García. Todo en una misma radio. Y lo mismo en todas las radios.
Me pierdo. La idea es caminar, comer y tomar café en los bares. En todos se escucha la misma música. Versiones enganchadas con unas bases de house o electro berreta de éxitos de los ochenta y noventa. Nacional e internacional. Y reggaeton. En los dos bares ?de onda? se escucha chill out o electro. Todo atrasadito una década. O dos.
A la noche, a bailar. En la previa, en todos los bares de la ciudad, pululan bandas? que tocan covers, claro. ¿De qué? Pues de lo mismo que se escuchaba en la radio y en todos los comercios de la ciudad: éxitos de los ochenta y noventa. En el pub de rock toca una banda que hace covers de Sumo, Las Pelotas y Divididos. Ya entrada la noche, noto que en los seis o siete pub-boliches tienen unos plasmas de puta madre. En todos pasan imágenes de publicidades para turistas alemanes, con bellas mujeres semidesnudas bailando en discotecas de Ibiza: Amnnesia, Pacha, etc.
En Paca, en Museo Bar, en Ego, en todos los boliches del centro de Tandil, mujeres hermosas bailan semidesnudas en contraste con las bellas mujeres autóctonas presididas por su aura de tradicional pacatería. Los hombres, de riguroso cardón, siguen las imágenes de reojo. Pienso sin pensar mucho que esto es muy violento. Mucho. La banda de sonido es, por supuesto, reggaeton y enganchaditos de los ochenta, de aquí y allá. Cada vez que la pista afloja vuelven a poner el último éxito de Daddy Yankee. Seis veces en dos horas, el mismo tema. Me pregunto seriamente qué pasa en el campo, en la provincia de Buenos Aires, en Argentina.
Al lado del deejay me topo con un muchacho vestido de ?moderno?, como si tocara en Interama. Le pregunto: _ ¿No se aburren de escuchar siempre la misma música en todos los boliches? _ ¿Vos sos de esos tilingos porteños que piensa que lo que está de moda en Londres es mejor que lo que está de moda en Puerto Rico? ? me dice realmente entretenido, sin un rasgo de agresividad o maldad en sus dichos. _ Y? un poco sí? esto un poco como que me aburre? El tema del goce es otra cosa, pero igual acá nadie encara, como en Buenos Aires... bueno, como en Buenos Aires no, como en Avellaneda, o como en Munich, digamos -me sincero un poco, aturdido por el pudor. _ Puede ser, pero vamos a un bar y lo seguimos charlando ?invita él. ¿A cuál vamos? Es lo mismo... todos pasan la misma música. _ Vamos yendo, que mañana tengo el cumpleaños de mi sobrina y me parece que quiero llegar entero. _ ¡Qué bueno! ¿A que no sabes quién es el dj del bautismo? _ ¿Vos? _ Y sí... _ ¡Entonces zafamos con la música! _ Por supuesto: mucho ochentas y reggaeton...
(*) desde Berlin
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