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Yo elijo - Revista setiembre
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Hace algún tiempo que en la campaña electoral aparecieron las primeras tensiones. Un candidato llama perro faldero a uno de sus rivales. Otro candidato amenaza con una motosierra. Un sector político imprime afiches con ¡un fantasma! y habla de cucos, cuquis, qki. Hubo otras barbaridades: tuvimos que escuchar que se comparara a un candidato con el mismísimo Adolf Hitler y posteriores contraataques sobre cultura alcohólica y pedidos de disculpas.
La tinta corre por los medios impresos, pasa por programas y espacios radiales, se sube a Internet. Parece que lo único que importara es qué palo se le va a tirar a quién. Los periodistas ?mal que nos pese- corremos tras los huesos. Los politólogos analizan las posibilidades de que los cruces afecten la gobernabilidad y los acuerdos a futuro, como si estas cuestiones fueran determinantes y claves.
Mientras esto sucede, el periodista argentino Ricardo Cárpena, del diario La Nación, escribe en la introducción de su nota a Luis Alberto Lacalle: ?Desde una perspectiva puramente argentina, Uruguay es la Disneylandia de la política, la tierra ideal donde los dirigentes compiten sin despedazarse, proponen sus ideas sin descalificarse, se critican sin mezquinar algún elogio a su adversario e incluso, si pierden algunas elecciones, no le echan la culpa a nadie y colaboran patriótica y caballerosamente con su rival?. No llama la atención que ?en comparación con Argentina- el tono de la campaña en Uruguay sea casi una risa, un segmento de Saturday Night Live. Como bien dice la nota, en Uruguay no hay operaciones de inteligencia entre candidatos o candidaturas testimoniales. Aún así, la publicidad ?a los palos? es una práctica que comienza a aumentar su graduación a medida que nos acercamos a octubre.
Como primeros síntomas, la campaña se mueve literalmente al barro mientras los observadores y analistas se preguntan la obviedad inocente de si no sería mejor discutir con los programas sobre la mesa o hacer un debate. De momento, a pesar de los pedidos de campaña limpia y las garantías de ?no ofender? de los candidatos, todos están repartiendo palos casi al mismo ritmo, con mayor o menor sutileza.
El escritor argentino Rodrigo Fresán dice que los uruguayos somos como los argentinos, pero en versión unplugged. Quizá con esa referencia deba interpretarse la lectura que Cárpena hace de una campaña que, sin embargo, tiene más de riñas y disputas que de confrontaciones relevantes en la arena de los medios. Esta agenda de perros falderos, motosierras y cucos la marcan los candidatos. Habría que preguntarle al ocho por ciento indeciso y apolítico, con mayoría femenina, del Interior, si esta guerra de agravios lineal contribuye en algo a definir sus preferencias.
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