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Hay un hombre en Honduras que se llama Allan McDonald y trabaja para El Heraldo, uno de los diarios más conservadores de su país. Es caricaturista político; dibuja y escribe la tira diaria allí desde hace 24 años. A las once de la noche del día del reciente golpe de estado en Honduras, lo detuvieron.
Como los militares habían cortado la luz, él dejó abierta la puerta de su casa porque adentro no veía nada. La excusa de los que vinieron a buscarlo fue que estaba rompiendo el toque de queda.
(GALERIA DE FOTOS DEL GOLPE)
McDonald me contó los pormenores de su detención, de cinco horas, por teléfono, en una entrevista. Contó además que la gente sale a las calles de Tegucigalpa sin miedo a las balas, y que los ricos odian al presidente depuesto Manuel Zelaya porque dejó entrar en la casa de gobierno a los más pobres de entre los pobres hondureños, los tolupanes, una etnia que además de haber vivido olvidada durante siglos, ha sufrido en los últimos diez años un huracán y un terremoto. Los tolupanes, que andan descalzos y hambrientos, entraron por primera vez al palacio presidencial y tocaron todo, cosa que indignó a los poderosos.
¿Eso sólo los indignó?
No, fueron otras cosas también. Pero el horror causado entre los de cuna coqueta por los tolupanes es lo que más me impactó de la conversación con McDonald.
También lo odian porque le temen, dijo: tienen miedo de perder sus privilegios. Que los pobres de Honduras se sigan hundiendo a ellos los tiene sin cuidado. Que Zelaya no sea un revolucionario, también. Lo sacan de su cargo igual, por las dudas.
McDonald me dio miedo porque ingenuamente esperaba que los golpes de estado en América Latina fueran cosa del pasado. McDonald me dio miedo porque él tiene miedo, ha perdido las esperanzas de una recuperación democrática, sabe de muertos y detenidos aunque la televisión solo pasa dibujitos animados y telenovelas, y está esperando que le den la visa para irse de Honduras. McDonald me dio miedo porque las criaturas humanas tienen una enorme capacidad de ser dañinas y horribles. McDonald me dio miedo porque en su voz intuí la paranoia, el terror a una escalada que no se atrevía a verbalizar.
McDonald recibió el apoyo de muchos caricaturistas de todo el mundo, y está agradecido porque, dijo, pocos de su entorno e incluso en su diario ?que sigue recibiendo sus caricaturas, pero no las publica- le creen que él pueda estar en peligro. Mientras tanto, para seguirlo, queda su blog, HYPERLINK "http://www.allanmcdonald.com" www.allanmcdonald.com, con los dibujos propios y ajenos, de todos los otros dibujantes del mundo que se enteraron de su historia y decidieron no dejarlo solo en Tegucigalpa.
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