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Probablemente el culpable de todo esto, como de muchas otras cosas, sea Jorge Bucay. Al parecer al hombre se le dio por escribir un cuentito alegórico de lo más original poniendo en escena pintorescos personajes llamados: Rencor, Desconfianza, Infidelidad y otros tantos demonios enviados por el Innombrable para destruir al protagonista de la historia: Amor. Pero ninguno de estos emisarios del mal pudo con tamaña empresa y Satanás decidió utilizar a su guerrera más poderosa: Rutina.
Rutina, que rima con dorixina, morfina y Agustina, fue la causante definitiva de la destrucción de Amor.
Con esta sabia fábula se presentó en la despedida de soltera de una amiga, una ex vendedora de tappers hoy reconvertida en Betty Jones, vendedora a domicilio de lencería pícara y sabrosa para mujeres modernas y emancipadas que disfrutan de su sexualidad, sorprenden a sus maridos y se secan el vómito del nene con una mano y con la otra se untan aceite afrodisíaco. Así nomás. La tipa cayó con un par de valijas, saludó a las invitadas y armó el perchero. La festejada (quien despedía su soltería-)no salía de su asombro, ya que era una sorpresa, claro. Como nadie emitió comentario alguno luego del cuento de Bucay, empecé a sentirme incómoda y tuve a bien hacer mi única intervención de la noche: preguntarle dónde se había comprado el perchero, que justo yo me estaba por mudar y que quería uno igual. Betty Jones me ignoró soberanamente y siguió con el tema de endulzar la pareja y ahí empezó a abrir las valijas y a sacar los tesoros.
La lencería no estaba mal, pero muy pronto la cosa se empezó a poner hardcore. Al principio babydolls y esas cosas, en todos los tonos, luego vino la gama "fru-fru" , una suerte de soutienes arrepollados, que en realidad estaban buenos pero que seguro que la bombacha se me engancharía con el cierre del vaquero, pensé.. pero callé, claro, porque presentí que luego de ser ignorada por Betty ya no podía someterme a otra humillación.
Y después, bueno, lo de siempre. Las tangas con tajos en el medio, las pezoneras (que son como esos pegotines que se pega Moria Casán en las teta)- y unos soutienes supuestamente sensuales -algo así como la pezonera al revés- que se parecen más a lo que usan las recién paridas para darles de mamar a sus hijos que a una lencería hot. En fin. Luego de sacar todas las prendas y explicarlas detalladamente, como si estuviera frente a un público de ciegos, Betty Jones sacó la artillería pesada. Vibradores: ¡qué viaje! Ahora al parecer hacen uno que tiene como dos pitos. Uno más grande y otro más chiquito que le sale como una ramificación. Uno es "intravaginal" y el otro es para "estimulación clitoriana". Es muy gracioso de ver ya que tienen como unos ojitos (que no sé para qué sirven porque no me animé a preguntar) pero que quedan de lo más curioso. El pito bipolar este además ¡era verde! Parecía un brócoli. Y ahí me vino un ataque de risa que no pude contener, porque me empecé a imaginar a una mujer con el brócoli mutante ese entre las piernas y que de repente el vibrador abría los ojitos y le empezaba a hablar.. Una vez más tuve que callar mientras buscaba alguna mirada cómplice que me devolviera la fe en el género femenino. Pero no sólo no la obtuve, ni la mirada ni la fe, sino que los comentarios supuestamente jocosos de las algunas de las invitadas ya estaban adquiriendo los colores del vibrador-brócoli y una tenía que andar enterándose de la intimidad de desconocidas.
Porque aunque no nos conozcamos, estamos entre mujeres, porque a las mujeres supuestamente nos pasan las mismas cosas, porque el tabú sexual dejó de existir (falacia disfrazada de Betty Jones), porque estamos liberadas, porque somos independientes, porque estamos emancipadas. Tan así que estamos obligadas a formar parte de despedidas de solteras donde de lo único que se habla es de cómo excitar a los hombres, y así poder salvar, gracias a lencerías y ungüentos con sabor a fresa, un matrimonio que aún no ha comenzado y de despedir, entre falsas complicidades, un estado civil que es tan sólo eso, un estado civil. Pero esto, al parecer, ya es obra de Rutina. Y ya lo dijo Bucay?
(*) o la dictadura de las despedidas de solteras
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