sábado
04.02
Pura Alma
Cuenta regresiva para las elecciones.
 24.06.2009 
     
Pura Alma
Hay grandes y recordados discursos. A decir la verdad, abundan. Está el de Sócrates en el ágora, el de Winston Churchill al pueblo inglés, el de Martin Luther King por los derechos civiles, aquel de Wilson en el parlamento. Muchos. Son muchos y la lista puede aburrir.

Lo que seguro hay menos, son grandes y recordados y geniales discursos. Esos escasean. No siempre el grotesco y la chispa se conjugan de buena manera como para abrir un hiato de luminosidad.

Hacia ahí vamos. Hacia un orificio lumínico de la retórica oriental.

Es aprovechando entonces el fragor de una nueva campaña electoral, que volvemos a rememorar un clásico ya de la política nacional: el discurso de Almita Dos Santos.

Pero con la reproducción de un fragmento de aquel discurso, que Dos Santos pronunció en la campaña de 1994 en defensa de la candidatura de Alberto Volonté (con frases como nuestro candidato es un hombre humano), es que también aprovechamos para reproducir fragmentos de una imperdible entrevista que el periodista César di Candia le realizó para el semanario Búsqueda, en marzo de 1995, donde repasan lo ocurrido en aquella tarde partidaria.

Y de yapa, una nota actualizada de la vida de Dos Santos, en la que se cuenta que dejó la bebida y la timba para convertirse en un metafísico, recibido de terapeuta grado segundo de ¡Reiki!

Así es, a continuación, parte de la historia de Guani (Alma) dos Santos, paisano y abogado artiguense, hijo de un estanciero pudiente, político fundador del Almismo, cuyo número de lista, 51, y eslogan, Una buena idea, fueron inspirados por una reconocida marca de caña brasilera. El hombre que llegó a diputado de la mano de Volonté, díscolo y antilacallista en su momento, y que, como los grandes, se inmortalizó en un solo discurso: No tiren bombas.

Semanario Búsqueda - 16 y 23 de marzo de 1995
César di Candia

Este periodista no ha encontrado jamás para sus reportajes un protagonista tan sorprendente y da por sentado que sus lectores van a experimentar un asombro parecido. Decir que el actual diputado por Artigas Guani dos Santos, llamado popularmente el Alma, es un personaje escapado de una novela de Gabriel García Márquez es cierto, pero también implica desdeñar la capacidad de nuestros ambientes fronterizos para generar seres igualmente particulares.

Criado por problemas familiares en las calles de la capital artiguense, fue un timbero precoz, un bebedor prematuro y un proxeneta en pequeña escala, joven e inexperiente. Madurado a la fuerza, desatendido por sus padres, con el mundo del bajo como escuela de vida, se le podía adivinar un fin trágico abatido en una riña de juego o como fruto de la violencia del algún marido celoso. Pudo sin embargo sobreponerse a un destino que parecía inevitable.

Estudió y llegó a recibirse como abogado en la mitad del tiempo del que se empleaba normalmente, llegando a dar nueve exámenes en un año. Vuelto a Artigas, pero no a la vida juiciosa, se dedicó a defender a la gente humilde explotada por los dueños del pueblo. Uno de esos enfrentamientos con los poderosos le costó ocho mil hectáreas cuando su propio padre lo desheredó por patrocinar judicialmente las reclamaciones de sus peones.

(..) de este largo reportaje, se podrán sacar conclusiones diversas y la mayor parte de ellas, harán que las orejas del diputado (Alma dos Santos) enrojezcan con insistencia durante cierto tiempo. Con una falta de prejuicios absolutamente inédita, que no debe confundirse con falta de experiencia en estas lides, el legislador nacional Guani dos Santos no vaciló en referirse a algunos de sus hábitos: mujeres, timba, copas ni en hablar con valentía de temas que otros prefieren mantener en reserva, como la vida violenta en la frontera, el doping (que admite haber practicado) en los caballos de carrera, su aversión hacia los cajetillas montevideanos, las peleas con su padre, su indefensión frente a la tentación del juego y fundamentalmente el almismo, una suerte de religión fronteriza que aspira se propague por todo el país.

Su nombre Guani no es usual, ¿a qué se debe?

Guani fue un gran hombre púlbico y mi madre, que era colorada, me puso así, tal vez para marcarme políticamente.

Por lo que se ve, su mamá no tuvo suerte. Don Alberto Guani primero fue Canciller y luego Vicepresidente de la República junto al doctor Juan José de Amézaga en 1946. Usted debe haber nacido por esos años.

Prácticamente. No me disgusta llamarme Guani. Por lo que he leído, era un hombre folklórico, pintoresco, que sabía vivir bien.

A usted le dicen el Alma, ¿cuál es el origen de ese sobrenombre? Discúlpeme, pero no creo que sea por una razón espiritual.

Nada de eso, al contrario. (..) me pusieron el Alma porque en el fondo soy un bohemio. Me encantan los bohemios y creo que es la gente más hermosa que tiene el Uruguay. Son sanos, no son hipócritas y no tienen esa maldad que tienen aquellos que desprecian la vida bohemia. El sobrenombre me sentó bien porque siempre me gustaron las mujeres, las carreras y las copas.

Sus adversarios dicen que su sobrenombre proviene de Alma podrida.

También es cierto. Algunos hijos de su mamá me llaman alma podrida porque cuando me enfrento a alguien lo hago con coraje y para destrozarlo. A mis enemigos si puedo chuparles la sangre se la chupa hasta la última gotita. Soy medio vampiro.

Estaba enojado cuando dijo aquél discurso en la tribuna partidaria de Artigas unos días antes de las elecciones.

No enojado, sino con unos traguitos de más. A mí me gusta el trago, no lo oculto y en las campañas electorales se toma bastante. Como dice el tango De puro curda, para tomar no es necesario que una mujer nos haya traicionado, basta con que a uno le guste.

¿Quiere decirme que aquel día cuando se encontraba al lado del doctor Alberto Volonté habló de esa manera por los efectos de las copas?

Estaba con unos traguichis, como dicen allá en mi pueblo. Eso es obligatorio cuando uno representa a la clase popular. Los almistas en su mayoría toman y no lo esconden porque no son hipócritas. El que toma debe decirlo y aguantar las consecuencias.

Yo escuché esa grabación más de una vez. Su voz no lo pone en evidencia como borracho.

Es que no estaba borracho, sino alegre.

La impresión que recibe quien escucha la grabación es que usted está más enojado que otra cosa. Insultó a varias personas del público.

Es que no tengo pelos en la lengua y le digo lo que sea a cualquier persona, así sea un rey.

Usted se dirigió a alguien y le dijo estúpido, imbécil, tarado y borracho.

Es que ante esas situaciones que molestan uno reacciona y dice cosas con sinceridad. Sé que no estuve muy feliz.

Si quiere que le diga la verdad, no.

Es su criterio.

Y el suyo. Usted lo acaba de confesar.

A ver si nos entendemos. Después que uno lo dice, se analiza objetivamente y reconoce el error, pero en ese momento estaba disgustado y en esas circunstancias es preferible ser sincero y decir las cosas en la cara de la gente, para no hacer ese doble discurso que la mayoría de los políticos practican.

¿En ese acto político tiraban bombas y cohetes para molestarlo?

No, después me di cuenta que no era así. Pero ese día me calenté porque pensé que las tiraban de gusto, para joderme. En realidad, eran manifestaciones de alegría. El público me ovacionó varias veces.

Eso se nota en la grabación.

Las ovaciones que yo recibí, no se las brindaron ni al propio candidato Volonté, ni a Ramos (candidato a vice). Eran para mí, para El Alma. Como habían otorgado estrictamente cinco minutos a cada orador, yo vi que las bombas me estaban quitando tiempo y me puse nervioso. Para peor me di cuenta que otras personas se pegaban codazos como diciendo: este ya marchó al spiedo. Así que cunado se callaron los ruidos en vez de cinco hablé quince minutos (nota: habló 8 según la grabación). Fui un poquito grosero pero si no les gustaba, que me tiraran del estrado.

Además, usted estaba enojado con el presidente Lacalle.

No, para nada.

Menos mal, porque lo trató de soberbio una cantidad de veces.

Vuelvo a decir lo que ya dije: Luis Alberto Lacalle fue un presidente bien inspirado y brillante en su gestión, pero u soberbia nunca me gustó, porque a mí, a soberbia no me gana nadie. El poder de un presidente no va a ser superior a mi sinceridad. Tal vez eso me haga marcha a la B, pero me iré siendo El Alma, sin haber modificado mi manera de ser.

Hasta aquí un fragmento de una extensa y notable entrevista de di Candia con dos Santos. Nota donde también cuenta sus varios enfrentamientos con Lacalle, donde resume la filosofía del almismo, movimiento que para ingresar hay que ser especial y no se puede ser medio vejiga como la mayoría de los montevideanos, donde cuenta que su padre jamás lo votó y donde cuenta, y esto es lo mejor, cómo hizo para repartir con un defendido suyo el millón de dólares que ganaron por un juicio: como me daba pereza contar todos esos billetes empaquetaditos, armé dos montañas de bultos medio parecidas, sin poder diferenciar cuál tenía más que la otra, y le di a elegir primero que se quedara con la que le pareciera más grande. Como no lo hizo, elegí yo. Vio cómo es el refrán, el que parte y reparte se queda con la mejor parte (risas).

11 años después, lo siguiente:
8 de julio del 2006 - Javier Bertalot para El País:
Alma Dos Santos cambió las copas y la timba por el reiki

Y para finalizar, el fragmento final de aquel recordado discurso:

Alma, Artigas 1994:
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