viernes
03.09
Guillote: el libro de Guillermo Coppola
fumando bajo el agua y recordando el Nevermind de Nirvana. Se viene el Guillote grunge.
 05.05.2009 
Guillote: el libro de Guillermo Coppola
¡Impresionante! Primero fue el Diego de la gente, ahora el Guillote de la merca. En mayo, editorial Planeta edita la autobiografía de Guillermo Coppola, titulada Guillote: Acá está, Esta es mi vida. Después del ostracismo y el vilipendio, la pelea con Maradona y el escarnio público, Coppola apuesta a su reivindicación a través del éxito editorial. La vida del joven de barrio, que se hizo de abajo, representante de fútbol, manager de Maradona, dandy de la farándula grasa, fiolo y símbolo de la camerusa top porteña.

A cuenta seguida, la lectura de un fragmento capitulario del libro, bautizado como Los jodones del fútbol, de la mano de guillote el escritor. (Gracias Eblog!)

Además, al final agregamos un audio del disco doble Yo soy el Diego de la gente, obra sonora maestra donde Maradona cuenta su vida a voz cruda. Se trata de un extracto del último track del álbum, Llega su amigo Guillermo Coppola, en el que el diez redime a su amigo Guillermo de meterlo en la droga y de las acusaciones de narcotraficante.

Los jodones del fútbol

Igual, tan mal no me portaba. Por ese entonces todavía no había "milonga". Así que salía con amigos, iba a la cancha, asados, natación, todo normal. Mi relación con el fútbol era la de un hincha más, aunque yo sabía que estar todo el día sentado en la oficina del banco no era lo mío. Sentía que me estaba preparando para algo, aunque todavía no sabía muy bien para qué.

Mientras tanto, mi vida era como la de cualquier bancario. En el 74 me recibí de licenciado en Administración y Técnica Bancaria. Era fanático de Boca y llevaba a los hijos del dueño del banco a la cancha, también llevaba al dueño y a su esposa. En la platea ya tenía un sector mejor que aquel querido "sector H", la cupé Taunus verde, me había comprado un departamento. Bien. Muy bien.

En mi refugio de Martín García, porque ese departamento era eso, un refugio, pasamos los mejores momentos con los "Jodones del fútbol", como nos hacíamos llamar por entonces. Venía Tinelli, que recién empezaba como cronista, se juntaban jugadores, amigos, empresarios, dirigentes, compañeros del banco.

Era 1975. Estaba solo, tenía mucho tiempo libre, y comencé a notar algo: los jugadores, todos chicos que por esa época entrenaban con Boca aunque algunos jugaban y otros no, no tenían ninguna clase de información sobre qué hacer con el dinero que ganaban. No entendían nada. ¿Quiénes eran los chicos? Hugo Paulino Sánchez, los hermanos Alves, Marcelo Trobianni. Vivían en la Candela, en San Justo, y guardaban la plata en las almohadas, en bolsitas. Estaba el papá del Conejo Tarantini, que es el primer jugador al que representé: el viejo fue, también, el primero que me hizo un poder a mi nombre para un viaje. Vi mucha desprotección con los jugadores. Los alimentaban, los cuidaban y los trataban bien, pero eran todos pibes del Interior que guardaban su dinero para llevárselo puesto cada vez que viajaban a ver a la familia, que era algo que por ahí sucedía cada dos meses. Cuando comencé a notar que pasaba esto me dediqué a explicarles que existían instituciones que se llamaban "bancos", que tenían cajas de ahorros, que podían hacerse transferencias. Ellos confiaban porque me veían todos los días y con la mayoría ya había una relación, aunque al principio me relacionaba más que nada con los chicos. Por esa época no podía imaginar que con los años llegaría a tener al plantel de Boca entero.

También estaban los dirigentes, que eran unos fenómenos, nada que ver con los de ahora. La confianza y el número de jugadores fue creciendo de manera proporcional: ellos comenzaron a darme su dinero para que yo les abriera sus cuentas, les hacía transferencias, los guiaba en todo el proceso bancario. Era la época de los Valores Nacionales Ajustables, esas cosas que sólo suceden en la Argentina, y que tiene unos subibaja financieros terribles. Entonces, si un jugador me daba diez pesos, por ejemplo, al mes siguiente yo le devolvía cien. No hacía nada, era la economía del país que estaba descontrolada, pero para los jugadores era mérito mío. Entonces comenzó el runrún: "che, dale la plata a este tipo, que te devuelve diez veces más".

Por esos días mi vida diurna tenía un recorrido único: banco-Candela, que era donde entrenaba Boca. Casi sin quererlo, el banco se convirtió en una sede del fútbol. Cuando empecé a trabajar, todavía se llamaba Banco Italiano, pero en el setenta se hizo una movida entre varios bancos para crear una red nacional, y pasé al Banco Federal Argentino, que es por donde pasó toda la revolución del fútbol. Había entrado al Italiano como ayudante de firma y terminé en el Federal como jefe de sección, con un sueldo de putamadre.

Con el asunto de los jugadores mi figura creció mucho: iban solos, ni siquiera tenía que ir a buscarlos, me tenían mucha confianza porque yo no les cobraba ni un peso por hacerles estos favores. Claro que yo por mi lado hacía mi negocio: como ellos me dejaban hacer lo que quisiera con su dinero, al banco le hacía ganar una linda tasa por todas estas operaciones y yo tenía mis comisiones que me pagaban aparte del sueldo. Ganábamos todos y empecé a manejar otros números.

Tenía treinta años, buena plata, estaba imponiéndome en el fútbol. Pasé de vestirme en González a vestirme en McTaylor. Era lo mejor que había en Buenos Aires, y como todavía no había viajado no conocía la ropa importada. Todavía.
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