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Murió Michael Jackson. 1958-2009.
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¿Se murió? Las dudas quedarán por un tiempo. Quién te dice que no estemos ante el más perverso y arriesgado hito de la publicidad, y que en unas semanas él aparezca para bailar thriller rodeado de zombies en sus cincuenta y pico de recitales ingleses, esos que iba a dar como máquina para sacarse el agua del cuello. Porque aunque su patrimonio sea incalculable, él también es prueba que hasta el despilfarro tiene límites.
¿Pero por qué hablamos de guita? ¿O de hitos publicitarios? Si murió, murió, él no sería tan alma podrida de engañar a sus fans. ¿O sí? Capaz. Y mirá si justo en el momento que el moco se entra a secar, cuando ya el duelo fue mucho, el sonido de un bajo marcado y galopante sorprende con la resurrección del ídolo, según las escrituras, y el paso lunar enciende el fuego una vez más de los pies de millones de danzarines anónimos que ahora duelan de alegría ante semejante epifanía. En el nombre del pop, del hijo y del espíritu Jackson. El Peter pan negro que se convirtió en alienígena. La realeza que esposó a los Presley y compró el cancionero beatle. La muerte más importante de la historia de la música popular. Muere, ¿murió? Muere un 25 de junio, no es casualidad, muere un día después de la muerte del mago, de Carlos. Jackson y Gardel. Casi el mismo día. Casi un día negro para la historia. Beat it. Arrancá.
Michael con 15 años, interpretando All the things you are de Frank Sinatra. Febrero de 1973:
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