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A cinco años de su reencuentro y a tres de su último disco de estudio, los New York Dolls, la banda que delineó mucho del punk antes de que el punk existiera, con sólo dos de su miembros originales y sin su guitarrista icónico, editaron un nuevo álbum: Cause I sez so. Diez canciones nuevas y la regrabación de Trash, de la mano de Todd Rundgren como productor, el mismo que produjo el inspirado y homónimo debut de 1973.
Lo que murió en este Cause I sez so, aparte de algunos integrantes fundacionales que ya no están, es el espíritu espontáneo y anárquico de los Dolls setenteros. Sigue existiendo una sensibilidad blusera y pop, mucho más que la veta desprolija y flamígera de antaño, que sólo persiste en las dos primeras canciones del disco (Cause I sez so y Muddy bones) y en la última (Exorcism of despair), que se transmite y se disfruta en canciones como Making rain, This is ridiculous, Lonely so long o Temptation to exist.
Seguro que este disco no es un calco de aquellos discos de los Dolls primigenios, y eso definitivamente es lo bueno. Los Dolls ya no existen, pero sí vive parte de su legado en Johansen (principalmente), en Sylvain y en la búsqueda de un sonido neófito de Rundgren. Seguro también que este disco es más original e interesante que el anterior del 2006. Merece los respetos. Merece ser escuchado por aquellos que le gusta la banda, aunque sea para putearlo nomás.
Fragmento de Lonely so long
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