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Nuestro cronista favorito, John P. Walrus, estuvo en el segundo día del Ancel Fest y nos deja sus impresiones.
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La verdad sea dicha. Llegué al Velódromo sin muchas expectativas. No había ninguna banda que me erotizara. Quería ver de qué se trataba eso de Loquillo, escuchar algún hit de Buitres y rendirme sin mayores cuestionamientos ante la Chancha y Reincidentes. Fueron justamente estos últimos los que me recibieron apenas pisé tierra de ciclistas.
Agarré un buen envión con Jartos Daguantá, clásico de la banda española, que me trasladó casi como un juglar excitado desde la entrada hasta la barra, derecho hacia mi primera lata de cerveza.
Con más espacio que el apretado Área Montevideo (donde tocaron por primera vez), la banda de Sevilla camorreó con su punk 100% español, puteando al Papa, las dictaduras y demás puteables. Terminaron con Vicio y se marcharon con la promesa de volver.
Yo volví a la barra. Acopio de latas y vuelta a la base. La cantidad de público era ideal, ni muy lleno y ni con grandes huecos. La Chancha le puso un poco de cinismo al tandem de punk agallegado que había empezado con los Graffolitas, sacudiendo al publico con su formato power trío. Recién ahí me percaté de la pantalla gigante montada al lado del escenario. Daba 3 opciones de voto: Cada Vez te Quiero Más, Avril y No Te Puedo Matar. Mandando un mensaje de texto con la clave correspondiente podías votar para decidir con cuál de los 3 temas cerraba Buitres su recital. No Te Puedo Matar iba ganando, pero por poco.
Sale Loquillo a la cancha. Mi sorpresa no es menor. Una masa corpulenta, impecablemente trajeada caza el pie del micrófono y, muy toscamente, lo hace girar en el aire. La imagen me choca. Creí que estaba viendo Entre Amigos, aquel programa de José Luis Moreno, que aparecían Monchito y Macario. Las huestes de patillas, camperas de cuero y peinados rockabilly suspiraron de emoción ante la presencia de uno de sus referentes. A mi se me hizo un nudo en la garganta.
La mayoría del público quería ver a Buitres, por lo que el español era para ellos un One Hit Wonder. El que escribió Cadillac Solitario. Yo no salía de mi asombro ante cada paso que practicaba fría y rudimentariamente: pasaje de mano por delante del jopo, patadita oxidada ante un golpe de batería y dedo índice que se desplazaba desde su boca hacia el infinito. Pose rock star un tanto caduca. La banda, muy prolija. El frontman, singular, por decirlo de alguna manera. Rafael, Tom Jones y Jean Claude Van Damme fueron nombres que se me pasaron por la cabeza mientras lo veía susurrar sus rocanroles. Un dandy de la madre patria, con todo lo que esto significa. Eso sí, en El Rompeolas se ganó mi corazón
Buitres demoró casi una hora en salir a escena. La versión mejorada de Loquillo (o sea Gabriel Peluffo) salió a la cancha como un perro rabioso. Para ese momento no me quedaba mucha energía ni paciencia. La compulsa de SMS la ganó Avril, por lo que pude disfrutar de No Te puedo Matar antes de retirarme. En realidad parece que la fiesta recién arrancaba. Yo me quedé con el punk del arranque y algunas frases pintorescas que dejó este festival.
1) ?Muerte al Estado de Israel? espetó Fernando Madina, voz y bajo de Reincidentes al terminar Jahvé Se Esconde Entre Las Rejas, ese bombazo hardcore pro Palestino. Muy festejado por la barra del Chuy.
2) Juan Bervejillo de la Chancha se enfrascó contra los festivales patrocinados por cervezas y celulares?. su imagen era amplificada por dos pantallas a ambos lados del escenario?. que tenían forma de celular.
3) Loquillo hizo un par de dedicaciones. La cantada fue para los Buitres. La otra fue para Carlos Tarán, mentor de Freeway.
4) Inédito. Peluffo enojado. Se despachó con un par de cañazos contra algunos periodistas que decían que los Buitres ya no levantaban más pogo. Los increpó por no hablar del agite que armaba la banda en el interior. Una arenga que calentó el ambiente.
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