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Pedro Dalton

Ya se escribió casi todo sobre Buenos Muchachos. Y se sigue escribiendo y preguntando y entrevistando, y Pedro Dalton sigue siendo una figura curiosa, a la que, paradójicamente, es bastante fácil acceder. 

Octubre 23, por: Clara Esmoris

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Fotos: Gabriela Costoya y Martín Batallés.

Pedro Dalton es cantante, publicó libros de poesía, pintó casas, vendió dibujos y este año coprotagonizó la primera película dirigida por Arauco Hernández. En ella, Dalton interpreta a Pedro, un hombre callado y  malhumorado pero con buenas intenciones, que vive en un ministerio abandonado que comparte con otros personajes.

 

«Convoqué a Pedro porque solo Pedro tenía el ángel de mi personaje», dijo Hernández.  «El personaje está basado en un tipo con el que viví en Nueva York. Es un personaje que aparece y reaparece en todo lo que escribo. Un tipo que se volvió mi ángel cuando yo tocaba fondo.»

 

Se conocieron en 2004, en el rodaje del clip de He never wants to see you (once again), que dirigió Diego Fernández (Parker) y Hernández fue el director de fotografía. «Pedro tenía que beber en un bar. Para cuando nos movimos de locación, Pedro, como todos, ya estaba algo borracho. En el auto, mientras viajábamos, comenzó a recitar palabras sobre el amor, y lo grabé. Aquello me tocó tanto, que le dije a Parker que se olvidara del video y usara ese material, con la música de fondo saliendo de la radio del auto.» Pero esa idea no tuvo éxito y solo se ve un extracto del momento en cuestión, al final del clip, luego de los créditos. Casi diez años más tarde, lo que generó ese rato se terminó de desarrollar en un largometraje.

 

Tom Waits es famoso por inventar historias cuando se lo entrevista, por eso en la escena de Café y Cigarros (de Jim Jarmusch) en la que se junta a conversar con Iggy Pop, explica que llegó tarde porque tuvo que operar a alguien en un accidente en la ruta. Arauco Hernández es admirador de Jarmusch, y Pedro Dalton, al igual que Waits, es cantante pero a veces actúa.

 

«Me gasté mil pesos entre anteayer y hoy por tener una entrevista después de otra, en cafés», arranca Dalton. Está en plena ronda de entrevistas por el recital del 23 y 24 de octubre en el Solís.

 

«Nunca había pensado en actuar, no. Siempre me gustó, la idea me gusta, pero no estaba preparado para eso, no estudié nada… algo tenés que ver antes de ponerte a actuar, o, por lo menos, durante un montón de años dedicarte a eso antes de entrar a una película. Pero bueno, yo con los videos, era todo tan gestual que, justamente, me parece que Arauco me fichó ahí… sobre todo en una escena, la del auto, cuando nos volvemos, cuando hablo todo borracho. Creo que quedó enganchado con mi idea de ser un enamorado del amor y mi personaje tenía dolor, le importaba lo que le pasaba a todo el mundo, y a la vez estaba enojado con el mundo, no quería hacer nada…»

¿Te encontraste rápido en el personaje?

Sí, sí. Hubo un momento de ensayos que me encantaron y ahí Arauco me decía «voy y nadie me dice lo que van a hacer, ya tienen todo decidido ellos, yo soy el pinche director». Y el loco me decía que lo único que le divertía de hacer preproducción era estar conmigo, con Félix (Marchand, protagonista) y con Lucio (Hernández). Y en los ensayos hubo algunos actores con los que nos cagamos de risa, que estaban re chapa.

¿Cuándo definiste que ibas a actuar acá?

Hace como 3 años me llamó Leandro, el que era mi editor en ese momento, y me dijo que Arauco me iba a llamar por un personaje. Y Arauco no me llamó, y me dejó con la leche, mal. Y nunca más supe nada. Él estaba con el tema de la guita, los fondos y de repente un día aparece un mail para juntarnos y era muy raro, iba a saber por fin qué era. Cuando llegué a Montevideo nos juntamos, en el Bar Trouville, que para mí es muy importante. Me acuerdo que pagué yo, porque aquel estaba pelado, bien cosa de artista uruguayo, estar pelado siempre —ahora recién fui a la casa y estábamos los dos pelados—. Y bueno, alucinante. Me leí enseguida el guión, me fui para casa, lo dejé macerar un poco, lo leí a los pocos días y lo llamé y le dije que me encantó, que tenía punch, pero que me gustaría hablar porque no entendía mucho los comentarios del personaje, la manera en la que decía lo que decía. Y él me dijo que lo único que le interesaba era que me gustara, que después me explicaba el resto.

Más allá de esta película, ¿cómo es tu relación con el cine?

Me gustó hacer esto, fue muy intenso, pero no me dedicaría al cine. Sí trabajaría con Arauco en particular, porque me gusta él, por cómo me trató, porque me la hizo de taquito. El tipo tenía la idea y es tremendo director de actores; para mí le ponías máscaras y podría haber hecho de cualquiera de nosotros, todos a la vez, porque tenía muy claro… Pintó una amistad re linda. Yo solo podría trabajar en una película así, no me interesa para nada ponerme a trabajar con cualquiera y me copa que los quiero a todos por igual, mismo. Tuve charlas que, según mi estado de ánimo, siempre había uno con el que podía engancharme y podía ponerme bien, sea cual fuera, y eso no está fácil con un grupo tan grande de gente. Había un cariño entre todos… muy película de equipo.

El rodaje fue en su mayoría de noche, en julio y muchos momentos a la intemperie. ¿Cómo terminaste?

Bien. Porque yo tenía momentos para descansar, momentos en los que me iba, que no estaba trabajando. A otros no se les puede escapar nada. O sea, Gonzalo (Delgado, director de arte) estaba todo el puto día mirando el monitor, y no se le podía escapar nada, y él sabe que no se le puede escapar nada. Lograr la naturalidad de los actores, por ejemplo, es difícil. Así como que para generar un clima más denso, me daba la sensación de que a veces nos hacían ensayar bastante para pudrirnos un cacho. Igual en algunos momentos me quise poner a llorar. Hubo una que tenía que aparecer con dos grandaneses que no me daban bola, ellos también tenían frío y en vez de caminar se sentaban y yo no podía más, decía “por favor, basta, loco, ya está”.

Volviendo al tema del cine en general…

Bueno, me gusta mucho Jarmusch.

Sí.

Pero me gustan los clásicos, porque Jarmusch no es mi ídolo ni ahí. Me encanta Coppola, Scorsese, los italianos y las películas de mafia. Los Soprano me fascinó. Fue la única serie que vi una temporada entera los sábados de noche, y no salía para verla. Me conectaba los parlantes del equipo de audio para escucharla tipo cine y me acuerdo que el último capítulo era el día del cumpleaños de un amigo y fui a la casa y dije “loco, voy al cuarto de tus viejos a ver la serie”, chau, era la última, no me podés cagar.

Viste que Waits, que actúa en películas de Jarmusch, es conocido por inventar respuestas.

¡Y sí! Decir cualquiera. Yo leí el libro de entrevistas a Waits, que está rico. Es él diciendo lo que quiere decir, aunque sea mentira, no me importa. Me gusta pila la entrevista. Igual, después leyendo las entrevistas que me hacen a mí, casi ninguna me gusta. No entiendo a veces cómo editan, entre que yo hablo bastante entreverado y mucho… en un momento dije: “voy a tratar de contestar lo menos”, para que quede la idea básica de la historia, porque muchas veces me daba cuenta de que hablaba tanto que capaz que los locos transcriben todo y los editores se las hacen mierda y no saben ni quién soy. Me ha pasado en medios de prensa importantes que vamos con el Topo y cuando la leés, todas las cosas que dice el Topo las digo yo y al final resulta que toco la guitarra.

¿Ya encontraron la manera de convivir en armonía con el hecho de que el Topo (Gustavo Antuña) toque en El Cuarteto de Nos e incluso no toque en alguno de los recitales de BM por esta razón?

Sí. Yo sabía que no iba a ser una cosa natural el tema de convivir con eso. Pero lo primero que pensé fue que este tipo hace 20 años que se está rompiendo el culo tocando la guitarra y en esta banda no le podemos dar esa plata. Al loco le va muy bien con el cuarteto. Antes de que toque en Buenos Muchachos, yo quiero que sea feliz. Después vemos lo otro. Y lo que pasa en estas situaciones es que uno se acomoda en el carro cuando el carro va andando. No podés programar nada porque pasan cosas insólitas, y tuvimos que saber convivir con eso, buscar la manera de trabajar. Igual, entre nosotros, los músicos, nos llevamos de puta madre. Hubo momentos… lo primero jodido que pasó fue lo del toque de los Pixies, que el Topo no pudo estar porque estaba en una gira en Venezuela, Honduras y no sé qué; era grande. Y bueno, todo bien. En la banda se armó como un resquemor, pero yo dije “loco, el que más va sufrir por no estar acá es él, vamos a ser un poco compinches”. Esta es una de sus bandas preferidas, ¿qué más quiere que tocar con ella?”

¿Ahora están componiendo?

Sí, hay canciones.

¿Y cuánto influye que él no esté como antes?

A Pancho (Francisco Coelho, guitarra) lo eligió el Topo. Tiene la influencia del tipo de música que nos gusta, y eso lo compartimos desde que Pancho estaba en Pompas. Es tremendo tipo y toca muy bien. Y cuando no estaba el Topo, la gente empezó a preguntar “¿toca el Topo?” y si no estaba el Topo, no iban. En una buena, me pareció justo. Pero después, cuando estaba el Topo, quisimos que el pancho también tocara, porque no es un suplente. El Topo es Buenos Muchachos, está desde el principio, hicimos esto juntos. Cuando pasó lo del Cuarteto, lo que hice fue estar en constante contacto con él, ir a los shows del Cuarteto… también lo podía hacer porque yo tenía más tiempo que el resto. Porque es hablar. En un momento los agarré a los tres por separado y les dije “están hablando de él, y él de ustedes, todo el tiempo, se están perdiendo la de hablar entre ustedes tres”. ¡Decile que lo que pasa es que te duele! No es que le tenés rabia, no es que el Topo es un boludo. Te das cuenta de que es dolor, no enojo. Y bueno, las cosas se acomodaron. Y en vivo se extraña, en los ensayos el Negro (José Nozar, batería) lo extraña… a ellos les gusta ensayar mucho. A mí, no. Para mí, cuanto menos esperado sea lo que hacés, mejor. Igual, tengo que entrenar. La voz se me va a acabar en algún momento.

Hay una sensación de que cada vez son más los asistentes a recitales de BM que quieren cantar más fuerte que el cantante, que se quieren subir al escenario a cantar contigo.

Eso empezó con Amanecer Búho. En el último de La Trastienda se subió uno que me hizo quemar mal. El flaco se sentó en el escenario y generó que el seguridad tuviera que sacarlo y cagó la armonía. Me cagaste el tema, flaco. Una vez tocaba La Renga en Argentina y yo nunca los había visto, entonces fui, y había tanta gente y gritaban tan alto, que no escuché nada. Un poco el bombo. La voz del cantante, nunca. ¿Cómo vas a decir que está bueno después?

El público cambió con Amanecer Búho.

Cuando empezó a venir gente más joven, más pendejos. Había lugares donde no había muy buen monitoreo y yo ahí me quemaba la cabeza. Había locos que desafinaban para el carajo y yo desafino para el carajo también, y me acuerdo que a uno en el Sauce llegué a decirle “bo, por favor, ¿te podés callar?” no me acuerdo si era en Jaja Jeje, y el loco cantándome por arriba cualquier cosa. Me estaba enloqueciendo, perdoname, pero callate. Yo pienso que es no bancarse la toma de estar ahí viendo, en vez de participar. Hay gente que participa, y canta, pero lo hace como más para adentro… cuando cantás más fuerte que el disco, ¿para qué ponés el disco? Cantá vos. Entregar el micrófono tampoco me gusta, me dan ganas de decirles “no sean nabos, cuando te pongan el micrófono así, no canten, o que te paguen a vos como a él”.

Y ahora al Solís.

Nosotros somos una banda que nos gusta tocar en teatros. Tocamos en la Zitarrosa, en Lorente…

Pero el Solís tiene una carga diferente.

Sí. Y el repertorio va a ser otra cosa, pero mismo.

¿Más tranqui?

Sí… no acústico ni nada de eso, porque tenemos total libertad de sonido, pero va a haber mucha densidad, temas desconocidos, que en sí son conocidos, pero que nunca tocamos en vivo, generando un clima totalmente diferente, acorde al lugar. Generar esa magia, porque aparte, como es medio templo, es el lugar donde tocar los temas profundos. Vamos a aprovecharlo. Si tocamos Temperamento, nos vamos a enloquecer nosotros y ellos. Es todo lo contrario a eso de que un día tocás en el Solís y decís “vamos a tocar todos los temas que nos llevaron al Solís”. Bueno, no, vamos a tocar todos los otros. Elegimos cinco canciones de cada disco y está bueno, porque no conocemos el escenario, te da cagazo y, con la acústica del lugar, la cagada que te mandes se va a notar.

¿Y después, te vas a vivir a Buenos Aires?

Sí. Yo este último mes viví ahí y la pasé muy bien, de puta madre. Y eso que me fui con un cagazo… dije “ta, este es el momento en que me separo de María, que se termina todo”, porque mi idea era “bo, o nos juntamos a vivir o ya está”, esto de ser el novio una vez por mes… María tiene tres hijos y tiene que hacer cosas para alguien. Pero yo acá llego solo, y yo no soy un solitario ni a palos. Se me cae un huevo cocinarme para mí, no hay nada que tenga gracia, soy fiel, no cojo con otras minas si no es con ella, pará. Hay todo un montón de cosas que me pasan de las que estoy podrido. Entonces, ¿qué hago? Me encajo. Entonces voy a morir. Tengo 45 años, si me sigo encajando como un niño, como cuando era un pendejo, en un momento se te acaba el rollo, y mal se te acaba. Y no tengo ganas de que se acabe.

Entonces te vas.

Me voy. Estoy allá. A la gente le sorprende, pero…

Pero vos ya viviste allá.

Si, estuve, pero pintando casas, haciendo cosas que no me interesan, que ya acá no las hago. Ahora es diferente, ahora por ejemplo se me está abriendo un panorama de dibujos allá, voy a poder trabajar desde casa, re tranqui, no me fumo la porteñada, la demencia del bondi, todas esas cosas que eran lo que más me afectaban… te juro que llegás a tu casa y te peleás con todo el mundo. Llegás hecho mierda, querés paz y en aquella época los chicos (hijos de María) eran niños, estaban peleándose, me acuerdo, y te daban ganas de agarrarlos… decí que nunca me tensé con ellos, son tremendos pibes. Eso me quedé de cara, porque yo, naturalmente, si me enojo, me enojo. Pero con ellos, nunca. No sé por qué lo logré hacer, porque ellos son divinos, y son muy buenos también, pero había veces que decía “basta, loco, estás enloqueciendo a mi mujer, me estás enloqueciendo. Hace dos horas que te están diciendo que te pongas el delantal… Bo, Iván, ¿te podés poner el puto delantal ese? Loco, no puedo escuchar más a tu madre decir ‘ponete el delantal, Iván’, sos un colgado, boludo”.

Quiero publicar esta parte en la entrevista.

Sí, todo bien. Te quiero mostrar una parte, un mail que me encanta. [[Abre el libro de entrevistas a BM (Nelson Barceló, Estuario), recién salido de la imprenta y me lo pasa abierto en una parte específica. Es un mail que le mandó a María hace cuatro años, en el que le dice “amor puro en mi pecho”, “piro de ganas de viernes a la mañana… estar contigo!”, le pide que cuando venga a Montevideo le traiga un vaquero, le dice que gastó mucha plata en llamadas de larga distancia y que hay que achicar eso, aunque “es tan lindo escucharte hablar, que alguna llamadita te voy a hacer, obvio”. Y termina: “YO TE AMO, Pedro”]]

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