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Sebastián Wainraich

Habló de la polémica más encarnizada entre nuestras dos orillas, esa por la que a un uruguayo que triunfa en Buenos Aires se le dice “rioplatense”.

Octubre 02, por: Victoria Molnar

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Es de noche, muuuuy tarde, estamos en un piso 19 del Microcentro porteño con grandes ventanales que dejan ver desde arriba al Luna Park, alrededor suena la buena música en vivo de la banda de jazz Pollerapantalón. Todo es muy cool y hay un aire a ese momento de amor aterrador en que King Kong se roba a la bella chica. “Por suerte nos pidieron muy pocos desnudos en este programa, muy pocos”, corta y se ríe Sebastián Wainraich y Julieta Pink, bellísima con sus casi 1,80 metros de estatura, asiente desde arriba, si tiene tacos literalmente Sebastián le llega al hombro. Acaban de llegar de conducir su programa radial Metro y Medio  y están en plena presentación de “El mundo desde abajo”, el late show con impronta latinoamericana, original de TBS veryfunny que desde el/este 28 de octubre ocupa la medianoche con sketches y entrevistas en clave de humor a importantes personalidades como Juan José Campanella, Ricardo Darín, Vicentico, Mercedes Morán y Guillermo Coppola.

 

Wainraich tiene 39 años pero trabaja desde los 16 en radio y está en pareja –tienen dos hijos- con la carismática locutora argentina a la que también le tira el humor Dalia Gutman. De hecho fue productor del controversial y desopilante Fernando Peña; trabajó con Roberto Petinato en el primer Duro de Domar; fue el pelado que condujo durante años el programa de archivo TVR junto a su amigo Gabriel Schultz; escribió dos libros de cuentos; fue conductor de “La Biblia y el Calefón”, ese ícono que creó Jorge Guinzburg; y hasta hace exitosos Stand Up en teatro. Todo con un toque de humor, vive de eso, es su trabajo así que primero se pone serio y manda “el chivo” del programa, lo dejamos porque el final viene con sorpresa: “Con ‘El mundo desde abajo’ estuvimos, por suerte, lejos de todo ese caos televisivo del minuto a minuto, del rating, del cambio de día y de horario. Pero además lejos del día a día, el estar apurados siempre y nervioso. Aunque fueron tres meses intensos.  No podemos creer que ya haya terminado y entrevistamos a 20 personalidades que saldrán entre la primera y la segunda temporada en 2014. Hicimos scketchs donde nos pusimos pelucas, de esas que no usamos en la vida. Pudimos participar justamente de los contenidos para poder hacer lo que nos hace sentir cómodos, que nos divierta a nosotros. Y fuimos el único programa que no nombró ni a (la presidente) Cristina (Fernández) ni a (el CEO del Grupo Clarín Héctor) Magnetto”. Se ríe y empieza la entrevista con Freeway. 

-¿Cómo es abordar un formato estadounidense desde la Argentina para que se siga viendo fresco? ¿Qué es tener una mirada latinoamericana?

-¡Qué difícil explicarlo en palabras! En realidad el mundo está tan globalizado, como se dice ahora, que es muy difícil separar las partes. Pero yo creo que es la mirada de personas que viven en ciudades como Buenos Aires, que hay un montón en América Latina de estas ciudades. Y si bien nosotros siempre fuimos conscientes de que esto va para toda América Latina decidimos que fuera lo más honesto y transparente posible y ni hacernos los neutros, ni los colombianos, ni nada por el estilo y que quede claro de que somos argentinos. Y me parece que a partir de esa voz y de esas palabras vamos a encontrar la empatía en el otro.

-Tanto en radio y también en televisión junto a Julieta Pink hacés muchos chistes sobre que sos petiso y pelado –vos te llamás “calvo”-. ¿Te jode verdaderamente ser petiso y pelado?

-Creo que no jodo tanto con eso. Igual a mí me parece que tal vez en los medios la gente no jode tanto con esas cosas que se puedan llamar defectos y trata más bien de ocultarlas y yo de vez en cuando las cito. Y en este caso en la televisión la diferencia de altura es tan notoria que me parece que nos divertimos. Yo mido 1,68 y ella 1,77, son 10 centímetros más o menos y encima ella usa taco. Y en el programa de radio hacemos la publicidad del micro-implante capilar…

-¿Cómo es tu relación con Uruguay?

-Tengo mucha relación con Uruguay, primero un gran amigo uruguayo que es Pipe Stein. También fui a actuar con mi Stand Up varias veces a la Trastienda de Montevideo y me recibieron bárbaro, no veo diferencia con el público argentino. Pipe me llevó a ver a Defensor Sporting contra Danubio en el Parque Rodó y eso me enamoró un poco, eso de que esté el parque de diversiones casi en la cancha, ver la rueda gigante desde la cancha me pareció espectacular. También tengo un primo viviendo en Uruguay que se fue ahora de grande allá con sus hijos y todo. Era de Paraná y se fue a Montevideo porque le gusta la música uruguaya.

-¿A vos te gusta la música uruguaya?

-No justo eso no. Sí me gustaba “Hiperhumor” con los uruguayos en Buenos Aires, ese formato de scketch me encanta y reivindico. Hoy acá me gusta Capusotto, pero no hay mucho humor en la TV actual…

-¿Y por qué crees que no hay mucho humor o que falta humor en la TV?

-Me parece que la tele es más pragmática, funciona o no funciona. Y a veces funcionan más otro tipo de programas. Me parece que el humor requiere de otro laburo que la tele no te da tiempo para realizarlo.

-En tus inicios trabajaste también con Fernando Peña.

-Sí, un rioplatense.

-Viste que los argentinos a los uruguayos que trascienden en Buenos Aires los adoptan y los llaman “rioplatenses”. Pero un argentino nunca deja de ser argentino…

-Es cierto. Hacemos eso y es porque somos un poquito más pedantes. Ese lugar común que dicen de nosotros me parece que es un poco cierto. Pero acá siempre hablamos bien de los uruguayos. Como dice Pipe: “Es una historia de amor-odio la de Argentina-Uruguay”. Porque nosotros los amamos pero ustedes nos odian y eso se ve en el Mundial: nosotros queremos que ustedes ganen y ustedes que perdamos. A nosotros nos gusta Uruguay, nos gusta el que vivan más tranquilos que nosotros, el que son más progresistas. Uruguay es un país laico, un país que discute la mayoría de los temas extremos. Pero nosotros nos creemos los más cancheros.

-Hay un poco de la pose porteña en eso…

-Sí. Me parece que la bronca va más contra los porteños que contra todo el argentino. Porque los porteños vamos a Uruguay en el verano, tocamos la bocina, estamos a los gritos…. Igual tampoco me parece que es un odio real, es una relación de hermanos. Viste que entre hermanos te odias, te amas. Me parece que es más así.

-Tu mujer, Dalia Gutman, hace también humor y Julieta Pink tu co-equiper radial también. Vos sos un humorista y guionista. Hay quienes dicen que el humor femenino no existe, reniegan de las mujeres graciosas… ¿Qué opinás?

-Para mí existe el humor a secas; y a veces al humor lo hacen los hombres y a veces lo hacen las mujeres. Y tal vez hay algunas temáticas que pueden reunir el discurso de la mujer. Pero no me gusta separar al humor entre masculino y femenino, eso es desnaturalizarlo. Es como darle un carnet, una etiqueta, y me parece que la mujer puede hacer humor y listo y ya está. Igual como somos machistas, me parece, que cuando aparece una mina graciosa, una mina que es buena haciendo humor genera mucha empatía, admiración, sorpresa.

(Ahí lo está escuchando Julieta y se mete)

-Aparte que hay que como mujer pasas por el scanner que te mira si estás buena o no estás buena y después te empiezan a escuchar. Con un varón no pasa eso. Podes decir después, si es lindo o no, pero no es lo primero que va a llamar la atención. Si sube una chica más gordita o más flaquita o más petisa eso es lo primero que se ve.

(Volvemos a Wainraich)

-¡Incluso las mujeres miran eso también de la mujer!. Hombres y mujeres miramos eso.

-Hiciste muchos años TVR. ¿Lo extrañás al programa? ¿Cómo lo ves ahora?

-Al programa lo veo muy bien y en lo que es informes me parece que sigue siendo lo mejor de la televisión argentina. Pero no lo extraño porque lo hice muchos años y cuando me fui sentí que estaba el ciclo cumplido. Pero cuando lo veo me parece que el informe siguen estando resueltos, me parece que sigue siendo lo mejor (A nivel archivo de la TV argentina); y después su postura política está clarísima.

-Luego de eso condujiste “La Biblia y el Calefón”, tras el vacío que dejó Jorge Guinzburg. ¿Cómo te viste en ese rol ahora que pasó el tiempo?

-Siento que ahora tengo todo claro, sobre lo que creo que para mí hicimos bien y qué hicimos mal. No ensayamos demasiado me parece para hacerlo por la locura de la televisión de aire. Y en el primer programa tuvimos de invitados –igual fue hace un montón ya- a Adrián Suar, a Ricardo Darín, a Diego Torres y a Natalia Oreiro, lo que era espectacular. Hoy me parece que los cuatro juntos era demasiado. Pero en ese momento yo decía: “Traéme a los cuatro, obviamente”. Pero, bueno, a eso te lo digo ahora con la experiencia. Pero después, más allá de eso, para mí estuvo buenísimo, iban a ser ocho programas y terminaron siendo 27 y ahí yo sabía que entraba a la selva televisiva de cambio de horario de día y todo eso.

-¿Cómo fue ocupar el lugar de un grande que se fue?

-Yo no lo sentí así en realidad, eso era más para los demás que para mí. Yo sabía que entraba a conducir un programa que tenía una historia tremenda, que lo había hecho uno de los más grandes de acá, que encima ya no estaba. Pero dije si yo me cargo esa mochila estoy frito.

-Buenos Aires está empapelada con gigantografías que te tienen de protagonista. ¿Te gusta que te reconozcan? ¿Cómo te llevás con la fama?

-A veces sí, a veces no. Si estoy con mis hijos no mucho. Pero si estoy en el contexto de que salgo del teatro o de la radio casi siempre la gente es cariñosa y buena onda, a veces me da vergüenza e incomodidad. No sé cómo hacer cuando me dicen algo que me halaga.

-La última y del tipo ping-pong: ¿Qué preferís la TV, la radio o el teatro?

-Ya no sé qué contestar a esa pregunta. Porque no es preferencia, son distintos escenarios. La radio es mi casa de verdad, como se dice: “Mi segunda casa es la radio”. La tele es todo un evento, es una salida, es como “La casa de fin de semana”. Y el teatro me recuerda a cuando era adolescente y salía a levantarme minas en donde hacía todo para que me quieran. Me hacía el gracioso, el melancólico, dejaba la vida en el escenario.

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