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Fabián "Zorrito Vön" Quintiero

Tocó con Soda y los Ratones y hoy forma parte de The Prostitution, la banda estable de Charly que los próximos 23 y 30 de setiembre presentará “Líneas Paralelas (Artificio imposible)”, en el Teatro Colón.

Septiembre 09, por: Victoria Molnar

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Conocido como “Vön”, “Zorro” o “Zorrito”, Fabián Quintiero es un bon vivant del rock argentino. Se mira en una enorme pared espejada del restaurant “Bruni” –que posee junto al chef italiano Donato de Santis- en el coqueto Belgrano R de Buenos Aires, se arregla el pelo frondoso y crespo -impecable orgullo de sus 47 años- y dispara: “Yo soy un rockero de pelo limpio, eso ponelo”.

De un sólo tiro acaba de unir sin contradicciones sus dos actividades: la de ese rocker al que -al mejor estilo Pomelo- le encantan “las nenas” y se pasea desde hace casi tres décadas como miembro de algunas de las bandas argentinas más importantes; y la de ser un empresario gastronómico de paladar avezado que fundó uno de los bares con vida nocturna más cool de Buenos Aires, el ya mítico Soul Café de Las Cañitas. Ya a mediados de los ’90 cuando los programas culinarios estaban en manos de señoronas y chefs de delantal blanco fue el verdadero pionero de unir la comida al rock en Argentina con “Gustok” que iba por MTV. Invitaba a sus amigos –sí, sí todos esos grandes músicos argentos cuyos discos llenan nuestros anaqueles– a cocinar.

Tecladista y bajista, tocó con casi todos y su cuenta pendiente son los Rolling Stones.Si estuviera Mick Jagger acá adelante le diría: ‘No entiendo por qué sabiendo que somos el país más Stone del mundo nunca tuviste como el gesto de invitar a un músico nuestro a tocar’. Yo tengo la idea de nombrar a Buenos Aires “Capital mundial Stone”. Es un proyecto. Entonces, ¡Dejate de joder! Viniste 10 veces que te cuesta que se suba Juanse a tocar un tema con vos… Porque tenemos papa, tenemos reina, Messi, Maradona, al técnico del Barcelona, Charly García, tenemos a Gardel…Sólo nos falta un argentino en los Rolling Stones…”.

Pero sobre todas las cosas "Zorrito" es un tipo de amistades fuertes y duraderas; y por tanto un especialista en esos afters por los que ha pasado a pleno el jet set argentino y que, con nombres como Diego Armando Maradona, ya no hablamos sólo de música se trata. De hecho, está a punto de publicar “I’m Zorry. Un gourmet rock tour”, un libro con anécdotas de las giras que vivió alrededor del globo y recomendaciones para comer si alguno se anima a replicar el viaje. “A mí cocinar me relaja, me encanta por ejemplo hacer las compras en el Barrio Chino”, dice a Freeway  aunque aclara que esa dedicación también fue fruto de la necesidad de estabilidad para llevar una “vida familiar”, aún cuando a su hija de 13 años sea fan de Justin Bieber. “No me pesa, Me parece divertidísimo que tengan ganas de ir a un recital y prefiero eso a que pase todo el día chateando. ¡Pero Justin!  ¡Ojo con Justin! Porque lo criticamos todos pero… Yo vi un documental y es un fenómeno”, agrega. ¡Y bueno, ser padre sale caro y las entradas para ver al blondo del pop canadiense en Buenos Aires implican todo un presupuesto!

Por si fuera poco, uno de sus compañeros de liceo se hizo cura y hoy trabaja en el Vaticano y al momento en que se encuentra con Freeway está planeando viajar a Roma para llevarle al otrora Jorge Bergoglio y ahora papa argentino Francisco un regalo “bien rockero”. Con ustedes Fabián “Zorrito Vön” Quintiero:

 

-Yo nunca podría ser cura, jamás… Me gustan demasiado las mujeres. Pecaría de… ¿Cómo se dice?

-¿Lujuria?

-¡Y sí!. A pesar de que las mujeres son difíciles de aguantar, para mí no hay otra especie más hermosa y necesaria. Pero bueno, uno tiene que tener mucho aguante para durar con alguien, es de a dos para durar y en este caso a uno lo tienen que bancar en el sueño que uno tiene de ser músico o del sueño de ser artista y de estar en el rock, algo que uno lo desea y lo mama de chico y entonces el rock n´ roll no es que llega, un poco se nace…

-¿Cómo ves al rock argentino actual?

-Hoy el rock argentino está invadido por los uruguayos. Colonizaron la escena musical las dos bandas más grandes que tienen que son la Vela Puerca y No Te Va Gustar. Es impresionante y me impacta porque cuando yo era adolescente estaba Rubén Rada, estaba Yábor, estaban los artistas uruguayos pero se mezclaban un poco en la escena de acá. Siempre hubo una camaradería muy grande entre los músicos argentinos y uruguayos, mucho más que con los brasileros. Pero ahora arrasaron y estos dos fenómenos cambiaron eso y la verdad es que La Vela y NTVG meten más gente que las bandas argentinas. Salvo el Indio, que toca una vez por año, estos chicos vienen acá y hacen una gira y la rompen. La verdad que andan muy bien y no entiendo por qué, no tengo una explicación. Pero esto no había pasado antes, así es que los uruguayos vienen por nosotros. También está el Cuarteto de Nos… Ese auge también lo que me puede mostrar a mí es que el rock argentino tal cual lo conocíamos nosotros se desgastó…o no sé algo pasó también acá, porque es increíble que pasamos de los ‘80 con toda esa explosión de bandas tan grande a que prácticamente no puedan surgir bandas nuevas o no puedan pasar a la consagración.

-Bueno, hay algunas bandas nuevas en Argentina…

-No, no son rock nacional, serán más pop. A mí me marcó mucho cuando yo era adolescente ir a los recitales. Me tocó ser audiencia de Spinetta, de Serú Giran, de Riff. En la “Esquina del sol” tocaban los Redonditos de Ricota, los Abuelos de la Nada, Soda Stereo, Suéter... Ahora hay algunos… Los Kuryaki están bien, pero con una o dos bandas no alcanzan. Con Cromagnon acá claramente ser cortó mucho la posibilidad de tocar en los bares y a las bandas chicas se les hizo muy difícil salir a tocar. Cromagnon la verdad es que fue una gillette, un cuchillo que atravesó la médula de todo y nos dejó sin esa movida de rock en los bares, ¿viste? Y otra cosa que pasa acá es que hay una proliferación de festivales muy mal hechos. Festivales sin mística donde lo comercial, me refiero a los sponsors que los organizan, lo transformaron en un corta tickets. Salvo el Cosquín Rock, que es más o menos donde se juntan Charly con Sky en un escenario y después no pasa nunca más. ¿Me entendés? Lo demás todo es muy malo. Obviamente que tiene que ser comercial un festival, pero a la mística del rock hay que cuidarla donde sea, tiene que haber onda, o sea, buena banda, buen escenario, buenos puestos de comida, buenos puestos de remeras, ahora es todo durito, sin onda. A mí el rock me dio un plus de personalidad que no tenía quizás como adolescente. Y en la adolescencia en la búsqueda de quién quiero ser, la música puede ser un salvavidas lindo y sano porque da buena onda. Rejuvenece. ¡Miráme como estoy! A mí me trajo hasta los 47 años de una manera, no me siento re pendejo, para nada, pero hay algo que me diferencia de un tipo que trabajó en un banco. Siempre me comparé con algunos papás del colegio. Y después está el look, la ropa, el pelo, los anteojos buenos... Si hay algo bueno en el rock son los anteojos. El rock argentino tuvo mucha onda porque hubo Litto Nebbia, porque hubo Luis Alberto Spinetta, porque hay Charly García. Hubo no, hay: Hay Litto Nebbia, hay Spinetta, hay Charly.

-¿Cómo lo ves a Charly hoy?

-Y… Yo que lo veo de cerca y que conozco el proceso, lo veo muy bien porque se del lugar del que vino, que vino de un lugar bastante oscuro, un lugar difícil en cuanto a la salud física y mental. Y despacito como se fueron dando las cosas, yo celebro al Charly que está trabajando muy activamente en la música de nuevo. Hoy no está grabando discos, ya como que no está componiendo canciones, pero está componiendo un show. Está componiendo shows, esa sería la definición del nuevo trabajo musical de Charly. Ahora el objetivo es el Colón y a mí no me sorprende Charly en el Colón porque yo ya lo declaré hace mucho y ésta vez es la noche de él, del maestro Carlos García Moreno. Yo creo que lo que está pasando es que se le está reconociendo a Charly también la calidad de maestro de música y que la música de él va a ganar mucha profundidad. No es fácil poner la cara en el Colón, tenés que tener un resto de obra propia importante y ahora las canciones hay que tocarlas, hay que poner el cuerpo, el Colón es otra cosa, impone rigor, una seriedad y nosotros vamos a respetar el lugar donde vamos a tocar. Es el encuentro de dos grandes porque el Teatro Colón es el más grande y él es otro grande. Charly es un “maestro de música argentina” que eligió el rock para expresarse. El maestro Piazzolla eligió el tango, el maestro Atahualpa eligió el folklore y Charly eligió el rock. Y creo que se lo tiene muy merecido como otros grandes maestros del rock porque también Luis Alberto se merece ese mote porque fue quien inventó el rock nacional.

-Sos muy amigo de casi todos los músicos argentinos y has promovido eso desde tus bares…

-Hay algunas relaciones de amistad y otras de familiaridad. Yo por ejemplo me considero un familiar de Charly a esta altura. Lo digo en serio. Somos familiares. También lo reconozco como el único jefe que tuve en toda mi vida. Después cuando tocaba con los Soda eran mis jefes pero no los sentía como jefes, yo me liberaba de eso. Con los Ratones fui como un miembro de la banda también. Pero con Charly, sí, es el único trabajo donde yo reconozco un jefe porque después yo siempre fui en todo lo que hice como independiente e incluso tengo mis negocios donde soy jefe. Con García me costaba al principio porque nos hacía ensayar muy largo y nosotros somos músicos a los que también nos gusta la joda. El ponía el rigor, porque él es un hombre que consagró su vida a su obra. No tiene vida sino es tocar y esto yo te lo firmo. A mí me gusta cortar, ir al cine, ir a comer, ir a jugar al fútbol. Sí, porque el volumen del ensayo fuerte en la cabeza, hay un tema físico también, de que te cansa porque es muy intenso. Y de alguna manera si vos también sos un tipo que no ayudás con nada y te la bancas solito, todo a pulmón, también te cansa, ¿viste? Yo, por ejemplo, hago deportes. Entonces también, ya tengo 47, y no me parece que la obsesión de la música sea para mí el estilo de vida. Para mí. Pero en el caso de Charly te confirmo que el tipo vive para su obra. Y así vivió y eso le costó. También tiene su precio… No darle bola a la familia…Cada uno… Él lo dice claramente en una canción: “Cada uno tiene un trip en el bocho” y el trip de él se lo respetamos. A veces lo podemos seguir, antes lo seguíamos más. Catorce, quince horas y hemos llegado a estar 20 horas tocando en un día. Pero eso era en 1987, éramos todos más jóvenes. Ahora eso no se da y en esta etapa, quizás la gente no lo entienda, pero él recuperó -después de su internación y su tratamiento- la idea de volver a casa, de comer con su novia y me parece que le hizo bien.

-¿Las giras son cansadoras?

-Depende. Hotel 5 estrellas, avión clase ejecutiva…

-Imagino que mujeres…

-No. Las mujeres ahora van a ver a los futbolistas porque quieren…

-¡¿Ya no garpa ser músico, por favor Zorrito?!

-¿Sabés cuándo garpa? Cuando la mujer está interesada en la música, sino no garpa. Porque el interés de las mujeres fue para otro lado…

-¿La plata decís?

-Sí. Se gatificaron muchas y se engatusaron mucho sobre todo para el lado de los futbolistas. Yo jodo mucho con eso y para mí es una humorada a esta altura. Pero yo te aseguro que salgo con un futbolista y vamos a bailar y el futbolista gana más. Salvo que la mina este re interesada y sea fanática del grupo o este fascinada por la música. Por suerte hay muchas a las que les gusta cantar y entonces con el cuento de que… ¿Me entendés?

-Entonces el fenómeno groupie sigue existiendo…

-Hay. Pero la groupie, groupie tal cual fue antes…ya nadie. Y una mujer muy groupie nunca va a ser valorada, no les gustan a los músicos. Tiene que haber una dignidad. Las botineras no la tienen. Yo estoy ahora en Fox con Sergio Goycochea y ahí les digo abiertamente a los futbolistas: “Ustedes tendrían que agradecerle a la vida todos los días: juegan al juego más lindo que hay, entrenan, les dan los buzos y los botines; los aplauden, los llevan de viaje ganan fortunas; y encima las minas les dan bola. Pero yo hago la humorada y les digo que en realidad de lo que me estoy quejando no es de que ganan minas, lo que estoy reclamando es por la redistribución de la riqueza y lo que queremos es ganar más plata nosotros.

-¿No paga bien el rock?

-Salvo que seas una de las estrellas de la banda no. Los músicos que no tienen canciones es muy difícil. El que genera ingresos es el autor de la canción Yo también trabajo en otra cosa y me la banco y me la banqué en su momento cuando me decían que “era un bicho raro”. La carrera es muy difícil. Yo me tuve que comer mi orgullo, tocaba había grabado uno o dos discos con Soda y la gente me quería y me tiraba buena onda, me decían “el cuarto Soda”, pero las luces eran para ellos y yo estaba al costado. Tuve mi construcción de esto, tuve que construir un personaje de menor a mayor hasta llegar a una solidez. A mí me ayudó de mezclar todo esto de la música con la gastronomía. Ser músico para tener un restaurante, me gusta la buena comida, me gusta el jamón español, me gusta el sushi bueno pero yo soy rockero, tengo puesta la camiseta del rock y los colegas de la música me apoyaron. Me apoyó Charly, Calamaro, Fito, Los Ratones, Catupecu, todos los que tocaron en el Soul me apoyaron, vinieron a mi programa en MTV. Siendo una rareza me la bancaron y yo lo aproveché, entonces ibas a comer al Soul y una noche tocó Charly con Molotov, otra Calamaro con Celeste Carballo. Una noche tocó John McEnroe. ¡Pasó de todo! Y todo casi gratis porque no se cobraba entrada, era un regalo, eso fue la mística de Soul Café. También” me sirvió para conocer a muchos músicos de afuera porque me los llevaban a todos. Ahí yo conocí a Bernard Fowler cuando vino por primera vez a la Argentina con los Stones. Cae y estoy yo y cuando veo un negro con trenzas, le digo vení para acá y nos hicimos amigos y yo terminé tocando con Bernard. Ahora viene y de nuevo vamos a tocar en Niceto. De alguna manera él nos cumplió un poco el sueño a nosotros de acercarnos a los Rolling, de una manera musical y gracias a él tuve el honor de salir en Londres dos noches con Ron Wood. ¡Impresionante! Estábamos en un hotel en Londres y suena el teléfono y nos dicen: “Está el señor Wood esperándolos abajo”. Nos pasó a buscar en un taxi común, nada de limusina, vino con una novia que tenía y eligió el restaurante para ir a comer que se llama “Fish Works” que adelante es una pescadería y atrás un restaurante. Yo no podía hablar. mi inglés no es fluido y me costaba, de alguna manera me inhibí. Esa noche lo dejamos a él y nos fuimos a bailar a un boliche y rebotamos, no nos dejaron entrar y al otro día volvimos con Ronnie y se abrieron las puertas así (Hace el gesto con las manos), entramos como por un tubo. Nos cagábamos de risa de que siempre necesitas alguien conocido….

-¿Este tipo de anécdotas contás en tu libro? ¿Hay deschaves?

-Es como un anecdotario, lo que pasa que yo lo crucé con data gastronómica. Pero no, no hay deschaves porque está hecho con mucho cariño y con mucho agradecimiento… Lo otro lo dejo para el próximo libro, porque claro está tan de moda hablar mal de los demás y en el rock también se podría hacer un programa todos los días y decir con quien anda hoy este muchacho y a quien fue a buscar anoche…

-¿Qué le pasó a Andrés Calamaro en este tiempo con su novia?

-No te voy a dar otros nombres pero no es el único que perdió la chaveta por una mina. Quizás sea porque nosotros hemos sido músicos de rock fundamentalmente para poder ganarnos minas y quizás esa la razón primaria de dedicarnos a esto, porque somos todos, como yo digo, somos todos medio Pomelo. Yo creo que Capusotto es la última gran aparición del rock nacional. Vos me preguntabas qué bandas aparecieron y no: apareció Capusotto y nos sacó la ficha a todos. Yo pienso que él es un rockero también. Cada uno con su estilo, somos todos un poco Pomelo. A esto yo lo he hablado con Charly, para saber cómo se lo tomaba, porque viste que para gastar a un rockero hay que tener chapa. Y hasta Charly me dijo: “Pomelo tiene algo mío”. De alguna manera querés estar ahí. Nos representa con humor.

-Contame una anécdota más que haya pasado en el Soul Café para Uruguay…

-Todo el tema de Maradona en el Soul es interesante. Por ejemplo, una noche vino Colin Farrell, estaba filmando en Montevideo Miami Vice y le dijeron: “Tenés que ir a conocer Buenos Aires” y me lo mandaron al Soul. Y de pedo cayó al mismo tiempo Maradona. Los dos a la vez y colisionaron los planetas porque aparte Colin Farrell es irlandés y fanático de Maradona por el odio a los ingleses y Dalma, la hija de Maradona, es fanática de Colin. Entonces la cosa se potenció, porque Diego: “¡El ídolo de Dalma, traémelo!”. Y fue tanto que al otro día tuvimos que armar la misma escena para que venga Dalma y se armó una conga de prensa… Fue una noche de Hollywood: Colin Farrel, Diego, gente, chicas… Y Colin Farrel se apretó a una moza que todavía está internada, quedó re loca, yo es la única vez que vi en mi vida una persona a la que le vi salir humo. Le salía humo a la piba. ¡Colin! ¡Otro que vez que la tiene fácil. Nosotros vamos a tener que actuar…

-Al principio hablabas de visitar al papa…

-Cuando eligieron a Bergoglio como papa fue un flash, y mi amigo era quien le sostenía el micrófono. Y bueno mi interés de conocerlo, si decís que sos tan buena onda y que querés cultivar la buena onda, nosotros también desde nuestro lugar, desde el rock lo único que queremos es buena onda para la gente. Le regalaría un compilado del rock argentino. discos de Spinetta, discos de Charly, de Litto Nebia y le pediría que los ponga en una vitrinita para que los vean todos y sepan que el rock argentino también sirve y vale la pena y que podés contar con nosotros siempre y cuando tires una buena, de verdad! ¡La de la careteada no! La de la otra iglesia, no. Quizás él no pueda contar con nosotros como fieles devotos, no como los fieles clásicos, pero quizás él o cualquier organización religiosa que intente realmente tirar una buena, sin segundas intenciones, puede contar con la buena leche del rock.

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