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Matías Sosa

Tiene 30 años y dejó el competitivo mundo del fútbol para meterse, literalmente, en otro baile.  

Agosto 30, por: Juan Miguel Carzolio

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Desde muy chico, Matías Sosa se destacó cómo golero: jugó en las inferiores de Racing, y después fue capitán y tetracampeón en Nacional Universitario. Pero un día dejó el arco, por la pista de baile; así bailando, no solo conoció a su novia (que según dice, baile mejor que él), sino que llegó a jugar el mundial que soñaba de pibe, pero no debajo de los tres palos, sino a ritmo de salsa. Recién llegado de codearse con los mejores en el mundial de Puerto Rico, habló con Freeway.

¿Fútbol o baile?

Pa…que hdp! Ehhh Fut…Baile, Baile…(risas).

¿En qué se parecen? ¿En qué se diferencian?

Se parecen en la pasión que le pongo a cada uno, y en qué los dos requieren de un sacrificio en la preparación, porque hay un esfuerzo físico muy importante. Y se diferencian en que uno es un deporte colectivo, dónde hay un equipo, y compañeros, y en el baile, por lo menos en la salsa, el equipo que sale a la cancha son dos personas, con lo cual, no sólo es más importante cada uno, sino también, la conexión entre los dos.

¿Y cómo pasaste del arco a la pista de baile?

Pasé sin darme cuenta (se ríe). Porque un día estaba jugando el fútbol, y al otro día estaba bailando. Cuando empezó a ser una cosa o la otra, y tenía que decidir si ir a jugar al fútbol o bailar, o no podía arriesgar a lesionarme porque tenía un campeonato de baile, y ahí tuve que dejar las canchas. Y tuvo mucho que ver mi novia, que cuando la conocí ni siquiera sabía que era bailarina, y terminamos juntos en el mundial. Influye mucho también que el baile sea mi trabajo, sino capaz que la respuesta a la primera pregunta sería otra, o lo pensaría dos veces. Son dos grandes pasiones, pero hoy por hoy no puedo arriesgar, porque una lesión me puede dejar sin trabajar por semanas.

¿Qué es lo que se evalúa?¿Qué hace a un buen bailarín?

Te evalúan desde la coreografía, el baile, los trucos y figuras que no se hayan visto, hasta el físico, la estética, maquillaje, vestuario. Y es difícil competir porque atrás de los bailarines hay equipos que trabajan todo el año para eso.

¿Se puede vivir de bailar en Uruguay? ¿Tus competidores eran bailarines profesionales?

De los 25 que llegamos a la final, 20 se dedican todo el año casi exclusivamente para el mundial. Nosotros si queremos bailar, tenemos que hacer otras cosas, y por eso fue que hicimos la academia de baile. Pero obviamente eso te saca tiempo en prepararte para competir, cuando los otros se dedican solamente a eso. Es como si un equipo de la liga universitaria jugara contra profesionales. No es lo mismo ser jugador de fútbol, que tener una escuelita de fútbol. Y se nota la diferencia.

No te voy a preguntar si preferías a tus compañeros de fútbol o a tu compañera de baile, sobre todo teniendo en cuenta que además es tu novia…

(risas)

…pero es distinto que tu pareja de baile, sea además tu pareja en la vida?

Si, influye muchísimo y es totalmente diferente. También con malos momentos, porque yo además soy coreógrafo y es como ser técnico y jugar. Entonces no es fácil, porque podés tener muchas diferencias. Y siendo mi novia más todavía. Además vivimos juntos, y eso hace que de alguna manera nos llevábamos el trabajo a la casa. Pero más allá de todo, que fuera con ella lo hizo mucho más espe cial.

¿Y ahora, como sigue, el baile siempre da revancha también?

Sí, tal cual. Ahora vamos a pelear por volver a ser campeones nacionales y volver al Mundial el año que viene.

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