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Manguerman

Víctor Andrade no es un nombre conocido. Pero Víctor, el que manguea en el eje Ronda-Santa Catalina-Bluzz es una persona totalmente identificable para los que frecuentan esos bares de la Ciudad Vieja.

Abril 10, por: Clara Esmoris

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Al principio canjeaba dibujos por plata. Traía dibujos hechos o hacía retratos de la fuente monetaria potencial. También se acercaba y decía: “Hola, les voy a leer un pasaje de la Biblia. No, mentira, ¿tienen unas monedas para el vino?”.

Sus apariciones nocturnas le generaron tanto seguidores como rechazos; estos últimos especialmente cuando se muestra bajo la influencia de algunas drogas —o la ansiedad por conseguirlas— que lo convierten en un ser no tan amigable.

Pero en los últimos meses Víctor empezó a ser también Víctor Andrade, el pintor.

“Dice que dibuja desde niño, que en la escuela intercambiaba dibujos por la merienda. Así que siempre dibujó y siempre le sirvió para sobrevivir”, dice Gustavo Tabares, artista plástico que forma parte del colectivo Centro Cultural Marte.

Para alguien que duerme en las escaleras exteriores de Mundo Afro y a quien le interesa el arte, no podía haber un contexto más fructífero donde vincularse que el de las calles de la Ciudad Vieja. Hace alrededor de un año empezó a pintar. Consigue tablas que sobran en las obras de construcción, restos de pintura tirados en los contenedores, y tiene amigos artistas, como Tabares, que le regalan materiales para que siga creando.

“Durante dos años venía y me manguaba hojas. Y yo siempre le reclamaba que no me daba ni un dibujo, nada. Y con la pintura, también”, continua Tabares. Al poco tiempo, su producción era masiva: hoy pinta casi todos los días y vende a la par.

En noviembre de 2012 lo invitaron a participar de una exposición colectiva en la Fundación Atchugarry, Maldonado, junto a otros 35 artistas. Dos meses más tarde, expuso él solo en el Centro Cultural Marte, ubicado en Colón y 25 de mayo. Las pinturas colgadas eran todas las que Tabares le había comprado en esos meses. “Me contaron que cuando llegó al local al otro día y vio todas las obras colgadas, dijo ‘¿todo esto lo pinté yo?’”. Porque cuando vivís en la calle, es imposible tener consciencia de tu nivel de producción o de tu evolución creativa.

A Tabares le contaron eso al otro día, porque en la fecha de la inauguración Víctor se quedó dormido y no fue.

Tildarlo como un tipo sin recursos que crea simplemente porque necesita descargar sus emociones en el lienzo sería una idealización sin sentido. “Es que si yo voy y le digo a un vecino ‘¿usted me presta 100 pesos?’, el vecino no me los presta. Tampoco quiere decir que yo vaya y le venda un cuadro a 50 pesos. Pero puedo ir y vender un cuadro a 100 o 200 pesos”, explica Víctor.

Recién amanecido a las cinco de la tarde, está sentado en la escalera que comparten Mundo Afro con Fun Fun. Cada cinco minutos pasa alguien que lo saluda. Viene el cuidacoches de la cuadra y le ofrece galletitas. Pasan chicas: “¡Nos vemos, Víctor!”. Pasa un ciclista que lo saluda con la mano; él responde el saludo.

—¿Quién es?

—…un ciclista.

—Está viniendo para acá el ciclista.

—Víctor, te dejamos una entrada para el teatro y nos dejaste plantados —le dice el ciclista, actor de la obra que está en cartel en la Zavala Muniz.

—De verdad, bo…

El ciclista se va.

—Yo sabía que tenía una entrada para el teatro. Lo que pasa es que soy una persona muy trabajadora, no tuve tiempo.

Cuenta que se hizo amigo de Tabares porque este se ofreció a ser su manager “para ir a Pablo Atchugarry, que estuvo bien de bien”. “La gente era buena onda, aunque al principio yo dudé, porque eran todos un poco raros, vestimenta rara, como… como de Po-ci-tos”, dice pronunciando Pocitos con acento extraño. “Había un artista que no llevó ninguna obra, entonces agarró una campera que tenía y la colgó y ta, esa fue mi obra favorita. Porque era una campera de cuero, gastada, me dejó pensando”.

Sus cuadros son figurativos. En ellos aparecen personajes recurrentes, pintados con bordes negros y rellenos de una paleta amarronada. Batman, Superman, Manguerman (el superhéroe basado en sí mismo) John Lennon, Jimi Hendrix, Michael Jackson y una banda de músicos propia: Los Andrade, que a veces están acompañados por otros músicos conocidos y frases como “Andrades jip jop”.

—¿Quiénes son los Andrade?

—Un grupo de música que inventé yo. Porque yo me llamo Víctor Hugo Andrade.

—¿Es el grupo que te gustaría haber tenido?

—Exactamente.

—¿Cómo sería, si fuera real?

—Harían música pop; serían todos así, afrodescendientes, todos motudos. Andarían todos de tragedia, de traje y corbata. Más o menos como este cuadro, mirá.

Sale corriendo y va hasta donde está la esterilla sobre la que duerme y levanta un cuadro en el que aparecen cuatro caras superpuestas, como esa foto de los Beatles.

—Todos motudos, son.

—Hay un cuadro en que están ellos y dice “hip hop”.

—Han ido cambiando. Ahora tocan pop, tango pop. Andrades Tango Pop.

—A veces se les une John Lennon, vi.

—¿Estaba John Lennon? (Se ríe). Andrades Lenon Pop. Andrades Beatles Pop.

Hay un Andrades Mujica Pop. He hecho otro que se llama Andrades Mujica Lennon Jackson Pop.

—¿Tus padres pintaban?

—No sabría decirte, porque nunca los conocí.

Dice que creció en la casa de una cuidadora, Lila, junto a decenas de hermanastros y algunos hijos naturales de ella. La casa era en Buceo. Cuando Lila se enfermó, los devolvió, pero él ya era grande y, después de cumplir una pena en la cárcel, nunca volvió a vivir en una casa. En La Ronda se dice que sí conoce a su madre y tiene contacto con ella.

—¿En qué año naciste?

—Me mataste.

—¿Tenés cédula?

—Sí.

—¿La cédula qué dice?

—¿La cédula qué dice? ¿Del año en que nací? Esa es una dificultad que yo tengo, ¿sabías? Que no me acuerdo el año en que nací. Pero no es grave, para mí no es grave.

No le interesa hablar más del tema.

—La calle es una jungla. Y es una escuela. Te enseña. Y sacás conclusión de todas las cosas que ves. Yo me pongo a pensar en si esto está mal o está bien. Estudio mucho la calle, con la vista.

—Un ejemplo.

—¿Una cosa que esté mal? Esa Casa de Gobierno, ahí, está mal. Además quisieron hacer un edificio tirando al edificio americano, como la película Terminator. No me gusta para la Ciudad vieja.

—Lo peor de vivir en la calle.

—Para la persona que no la sabe llevar, lo peor que hay es el invierno. Si no estás acostumbrado, no te lo recomiendo.

—Lo mejor.

—Lo mejor que me ha pasado de vivir en la calle es compartir una charla, así. Yo me siento bien hablando tranquilo, al aire libre.

—¿Por qué te quedaste acá en la zona de La Ronda, el Santa Catalina, Bluzz?

—La gente de ahí abajo es mi familia. Yo estoy acostumbrado a ellos. Y ellos a mí. Y así sucesivamente.

—¿Te llamó la música que se escucha en esos lugares?

—Pah, no sabría decirte. Lo que puedo decirte es que en el boliche La Ronda se escucha buena música.

—¿Cantante preferido?

—Michael Jackson.

—¿Hendrix?

—He escuchado un poco de Jimi Hendrx, pero no soy tan fanático. ¿Querés que te muestre la música que escucho?

Va hasta una puerta de menos de un metro de alto en el costado de Fun Fun, abre el candado que la tranca y vuelve con un morral negro y roto que tiene un discman adentro.

—Vas a quedar impresionada con la música que escucho.

—Mirá. Con este cambiás de tema. Ese cd lo encontré y esta es la música que me gusta a mí.

Me da los auriculares. Se escucha algo que parece Phil Collins.

—¿Quién es?

—Ni idea. Tiene looove, my looove, my charli, ancharli charli jajaja.

Abro el discman para fijarme, pero es un disco copiado y no tiene nada escrito.

—Este discman se lo compré a uno por 140 pesos. Me sirve porque tiene para escuchar discos para escuchar radio.

—¿Tenés una radio preferida?

—Sí, me gusta escuchar a Verónica. La que tiene la radio en el hotel este que está acá. Emisora del Sol. Te pasan tipo música country y muchos chusmeríos. Por ejemplo, hace como dos semanas era el día del Family Game (family gains) y me hizo acordar a cuando yo era chico, porque decían “¿se acuerdan de este tema?” y te pasaban la del Super Mario Bros. ¿Y vos por qué hacés entrevistas?

—Por razones similares a las tuyas para pintar, supongo.

—Fa, para mí es brava esa. Hacer un cuadro porque lo quiero vender y me gusta. Al mismo tiempo que estoy haciendo, ya no estoy pensando en venderlo. Y aparece una persona a comprármelo y no se lo quiero vender. Y la persona me pregunta “¿Por qué lo hiciste?” y yo le digo “Porque lo quiero vender”; “Y yo te lo vengo a comparar y vos no me lo querés vender” y la persona lo primero que piensa es “Este está loco”.

—¿Y se lo terminás vendiendo?

—No, no se lo vendo a esa persona. Se lo termino vendiendo a otra persona, más tarde. Es que en el momento en el que lo estoy haciendo, siento que ese cuadro lo tengo desde hace una vida. Y si después viene la primera persona y me pregunta por qué no se lo vendí, le digo: “Yo hago lo que el cuadro me responde”. Capaz que estoy quedando loco.

Dice que el que le compró más cuadros fue “El alemán”, Frried Mauch, que tiene un taller de restauración en el barrio. Y también tiene otros compradores que están haciéndose su propia colección Andrade. A algunos les vende los cuadros entre 400 y 600 pesos. La plata se la gasta en “las cosas de la vida”, y no quiere hablar de la pasta base, aunque dice que fuma poco: “una lágrima por día y verá que puede”.

—¿Y los cuadros de Marte?

—Todos los cuadros que están en marte son de Gustavo. Cuando los vi quedé aaaaahhhh. Nunca pensé que había hecho tantos cuadros. Nunca se me dio por contarlos.

—No fuiste a la inauguración.

—Me re dormí.

—¿Te dio vergüenza?

—No. Soy más de la noche. Además la noche esa me había re desbundado, fui a lo de una chica que conocí y nos rebundamos.

—¿Qué hicieron?

—Música, merca y alcohol.

En ese momento interrumpe un joven muy bien vestido que le pide en secreto una pipa. “Me la afanaron. Me la afanaron, te juro”, le dice Víctor. El joven se va.

Pasa un auto rojo, le toca bocina, él saluda efusivamente.

—Otra persona, que también es coleccionista, que me llevo re bien con ella. Es la embajadora de Los Estados Unidos.

—¿Era ella?

—Sí. Siempre que me ve me dice “Ohhh mi Basquiat uruguayo”. Supuestamente en Estados Unidos hubo una persona afrodescendiente, igual que yo, en una situación igual que yo, que, supuestamente, llegó a encamarse con Madonna.¿Por qué? Porque esa persona era artista. Era un artista callejero. Murió a los 33 años. Y todo el mundo me dice “vos sos algo de Basquiat”. Él se llamaba Juan… Juan Andrade Basquiat. Yo soy Víctor Hugo Andrade.

—Dónde conociste a la embajadora?

—Allí en La Ronda. Bailando. Un día me invitó a bailar un tema de Tina Turner. I knoooww what to do, what to do. Podés ir y preguntarle a Felipe si está ahora. Yo no lo podía creer y ni los guardaespaldas podían creer. Y me dijo “vamos a bailar, Basquiat”. A las tres semanas estaba en La Ronda y allá estaba la camioneta de la embajadora. Le iba a llevar tres cuadros que tenía, pero le llevo uno. Un cuadro. Y por debajo de la mesa me da mil pesos. Mil pesos por un cuadro.

—¿Cuántos días te duraron?

—Yo sabía que venía esa pregunta. Guardé 500. Los tengo sin tocar. Tengo pensado comprar pintura buena que llame la atención.

—¿Cómo es?

—Es color metalizado. Color bronce, color oro. Como para hacer fondos de cuadros. Llama la atención en pila.

—Cuando pintás, ¿descargás algo, como rabia o amor o lo que sea?

—No. Si fuera un cuadro que me pide alguien, como vos, sí. Pero si no, no. Pinto así —se mueve para todos lados—. Pinto como diciendo “este le va a gustar a fulano”.

—Pintás para que guste.

—Sí. Si tuviera un hijo, empezaría a hacer todo dibujos para el cuarto. Que digan “bienvenido al mundo”. Y le enseñaría a pintar. Pero no lo mismo que yo; paisajes. Le enseñaría buenos trucos que tengo bajo la manga. ¿Vos te quedaste satisfecha con la entrevista?

—Claro. ¿Te parece muy importante eso?

—Quiero saber si mi historia estaba bien.

—Pero no puede no estar bien; tu historia es tuya.

—Ta, pero la compartí contigo.

Su próximo proyecto es hacer una exposición callejera en La Ronda, en cuanto consiga quien le ayude a montarla.

“A Basquiat lo conocí hace como seis meses. Cantamos juntos un poco, porque le gusta mucho tina Turner y a mí también. Y él me hizo una obra, y yo se la compré… no me acuerdo a cuánto, pero a un par de miles. Está ahí, en la residencia”. “El cuadro es un autorretrato. Lo que me gusta de Víctor es que la obra es muy original y tiene mucho detalle.” — Julissa Reynoso

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