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Kevin Johansen

Dice que fue criado por la “primera cumbiera-intelectual” y que aprendió a tocar sus primeros acordes de guitarra con un Ibarburu en Uruguay. Tiene “hablado y pendiente” un proyecto con Jorge Drexler y Paulinho Moska.

Abril 01, por: Victoria Molnar

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Si a Kevin Johansen le preguntan por la música uruguaya actual que le gusta responde con una lista extensa que incluye “la camada hereditaria” como “ver al hijo de Ruben Rada tocando la guitarra” y los hermanos Ibarburu hasta “bandas históricas” como Los Buitres –“que son como acá los Redonditos bandas muy de un país pero que en realidad no debería ser así”-; y agrega que se alegra por el reconocimiento que han logrado “en una especie de justicia poética gente como los muchachos del Cuarteto de Nos o Fernando Cabrera después de años de remarla”.

-¿Es cierto que en Montevideo tuviste tus primeras clases de guitarra? ¿Has vuelto a recorrer tu antiguo barrio?
-Así es, entre mis 12-13 años tuve una pubertad montevideana en el barrio de Malvín a tres cuadras de la rambla. Mi madre consiguió un trabajo enseñando literatura inglesa y española en el British de Carrasco, iba a ese colegio y a su vez, tenía una doble vida porque, jugaba al fútbol con los botijas del barrio en las canteras de Malvín y mi madre me mandó a estudiar clases de guitarra. El deseo de aprender surgió en Buenos Aires donde había estado el año anterior tras volver de San Francisco -donde viví mi infancia- porque ahí tenía un compañerito, Julián Benjamín (NdE: Músico radicado en España con quien, a mediados de los ‘80 formó su primera banda, Instrucción Cívica, que llegó a ser telonera de Sumo), que tocaba ya la guitarra y el piano muy bien, y yo dije: “Quiero eso”. Además yo era de esos pibes que cantan en el recreo, cantaba a capella “Money” del musical “Cabaret”. No sé si lo hacía para que los pibes me aceptaran, porque yo era un gringuito que hablaba inglés y poco castellano al principio, o qué. Mi madre se hizo muy amiga de Susana Ibarburu, que es pariente de los hermanos Ibarburu y creo que el hermano de ella fue mi primer maestro de guitarra. O sea que un Ibarburu fue mi primer maestro de guitarra. Y sí, he vuelto a Malvín, estuve hace un tiempito y tengo con Uruguay también una cuenta pendiente de ir a tocar y seguramente se va a dar próximamente.

-Sos amigo y has tocado con Jorge Drexler. ¿Cómo se dio y da hoy esa relación?
-Sí, muy amigos. Es un hermano que encontré en la vida. A Jorge lo quiero muchísimo, además de admirarlo y apreciarlo como músico por supuesto. He coincidido o en recitales o en grabaciones, pero obviamente la amistad traspasa todo eso. Tenemos una afinidad que es estética y ética porque creo que además lo lindo es cuando descubrís la persona debajo de la profesión y con Jorge la amistad se dio muy espontánea. Yo volví a la Argentina, después de vivir 10 años en Nueva York –en la década del ’90- y alguien me comentó de Jorge y lo fui a ver. Yo estaba presentado mi primer disco (“De Nada”) y Jorge justo estaba tocando en Buenos Aires; y entonces le mandé un disco mío a través de una amiga productora y le escribí una cartita, algo así como: “Soy un poco uruguayo de corazón porque viví en Malvín y espero que te guste mi disco. Ahora te hago un poco la competencia en esta fecha que coincidimos y por lo que lamentablemente no te puedo ir ver”. A los pocos días me dejó un mensaje en el contestador de casa y me dijo que ya había escuchado mi disco antes, que le gustaba y me mencionó -Jorge es muy prolijo y un detallista tremendo- los números de las pistas que le “encantaron”. Y a partir de ahí nos cruzamos y fue una grata sorpresa, hicimos un asado y conocí a un Jorge quedándose despierto hasta las 7 de la mañana guitarreando conmigo y con amigos.

Fama y sensualidad socarrona. En 2012 lanzó “Bi-JOGO/FOGO”, un disco doble con el que estuvo de gira y que lo lleva a España en abril. Pero en 2003, a sus reinicios en el Río de la Plata, Johansen saltó a la popularidad con el tema “Down with my baby”. Su voz grave y en inglés resonó en todos lados porque lo usaban en la tira “Resistiré” a modo de himno de la pareja protagonista: Pablo Echarri y una jovencísima, Celeste Cid.

-¿Te pesa ese surgir un tanto meloso que también te dio un aura de galán?
-Siempre me sentí muy galán. (Se ríe). Eso depende de quien quiera engancharse y siempre digo: “Qué suerte que haya gente confundida en el mundo y que me ven con esos ojos”. Además por suerte con temas como “Desde que te perdí”, también los muchachos se empezaron a sentir identificados. Y no, no me pesa para nada, hoy lo disfruto y me río mucho también de cómo fue que sucedió porque fue justo al terminar de grabar “Sur o No Sur” un disco que para mí fue importantísimo en mi carrera a nivel reconocimiento internacional mientras que acá ese tema fue como el himno de fondo en el momento del cachondeo. Nunca desde el programa me pidieron permiso ni nada y a los dos meses me agarraba la cabeza: “¡No! ¡Van a pensar que sólo hago temas cachondos!”; y después me relajé y pensé que los que querían iban a averiguar quién la cantaba y les gustaría o no lo que hago. Fue una gran experiencia y lección porque es un buen ejercicio la popularidad y nunca fui un compositor elitista sino que siempre tuve la fantasía básica de cualquier cancionista: componer para la señora que estaba barriendo la vereda, el kiosquero de la esquina, el pibe que está jugando a la pelota y que tararen una melodía tuya. De algún modo, lo que pasó con esa canción es eso. Pero justo venía con un perfil más de culto y fue gracioso porque en los primeros recitales después de que saliera en la TV la mitad de mi público era mi público de antes y miraban a los nuevos como diciendo: “¿Quién es esta chusma?”. Debo agradecer que no me pasó esa fama a los 19 años, y entonces hubo un factor en que yo me pude reír de mí mismo y no creérmela.

Al son del lavarropas. Agregativo por naturaleza, Johansen ideó y creó el festival “El Vecinal”, que este 2013 va por su cuarta edición y contó con la presencia de varios artistas de la región que “están haciendo bailar y sentir, renovando la música del continente”, como la colombiana y vocalista de Aterciopelados, Andrea Echeverri; el brasileño Paulinho Moska; los chilenos de Chico Trujillo; el venezolano, Ulises Hadjis; y la argentina radicada en México, Sol Pereyra.

-Mencionabas un asado con Drexler. Te imagino en lo cotidiano como un tipo cálido que le gusta “festejar la vida”, lo que parece muy distante de esos orígenes en la fría Alaska. ¿Cómo se da esa composición personal de autodenominarse como un “gringo-sudaka”?
- Al sur siempre lo llevé al norte, es simplemente mi esencia, yo fui criado por una madre soltera argentina y era una mina que yo creo que fue la primera “cumbiera-intelectual” que conocí. Muy leída, políglota, muy melómana y todo lo que fuera cultura lo devoraba y nos los transmitía a mí y a mi hermana. Entonces, vivimos en un mundo paralelo y donde estuviéramos nuestra casa era una especie de lugar lleno de arte y creo que le debemos a mi madre todo lo que somos en lo artístico, ella tuvo mucho que ver con eso y con mi esencia. Porque en Alaska habré escuchado los discos de Tita Merello o de Atahualpa Yupanqui y tengo fotos de las boleadoras colgadas en el living de casa, y del mate, y mi vieja me daba el Nesquit en bombilla. Incluso de grande, a Nueva York y mí día a día allá era con gente de habla hispana. Nunca tuve una novia gringa ahí, todas argentinas. Evidentemente nunca pude hacer un click con esa parte americana del norte mía, si bie aprecio muchas cosas de la cultura como el humor y la música.

-Te declarás como un “desgenerado” y en Argentina el rock supo dominar el plano musical popular que no es folklore y con un cierto mote peyorativo hacia la cumbia, el pop y otros géneros. ¿Cómo te resultó eso?
-Si es cierto lo que decís, los primeros años noté esa especie de cosa prejuiciosa que tenía el rock. Pero en esa época yo no estaba muy al tanto de lo que ocurría aquí en el Río de la Plata en el plano musical y, a la vez, había como una especie de saturación del llamado “rock chabón”, lo que yo llamo los “Rolling-clon”. Yo simplemente estaba haciendo música en Nueva York con gente de todos lados y la traje conmigo y a la vez tenía esa esencia de la boleadora colgada en el living. Algunos rockeros son como los tangueros de antes, muy cerrados. Pero por rock yo entiendo más a (David) Bowie entre otros que me parecen tipos que pueden también cantar una balada francesa y no ser menos machos por eso. Me parece que hay gente que tiene miedo y si no dice que son rockeros piensa que no tienen miembro viril. Igual hay de todo, los que posan de rockero y los que lo son. Pero creo que hay tangueros que son más rockeros y creo que hay cumbieros que son mucho más rockeros y hay folckloristas que son súper rockeros. Los músicos sabemos de lo que estoy hablando.

Contra el “cansa-autor”. Durante esa vida itinerante la inspiración llegó de varios lados. Nombra a Luis Alberto Spinetta, Charly García, Les Luthiers, Los Olimareños y hasta a los Paralamas. “La apertura democrática fue muy rica a nivel cultural y por un lado en mis influencias estaba el rock y por otro la impronta folklórica y latinoamericana de esa cuna que forjó mi vieja, de ponerte Los Jaivas o Violeta Parra”.

-En la práctica la música no es sólo tocarla sino bailarla y eso se ve en “El Vecinal”. ¿Cómo se relacionan para vos la música con el baile?
-Me gusta el baile, me parece que es la forma más primal de interpretar música porque el cuerpo es nuestro primer instrumento. Mi madre siempre me contó que yo siempre bailé al ritmo del lavarropas en Alaska. A mí siempre me pareció muy interesante, es una libertad que me parece fundamental y se debe a que también es una expresión política de libertad donde la belleza de la danza es una forma de protesta. Por eso queríamos que El Vecinal sea festivo para las nuevas generaciones que son mucho menos prejuiciosas que la mía en la que había música para pensar o había música pachanga, pero no se podían juntar ambas. Y eso es una estupidez, porque lo vemos con Calle 13 que hay pachanga y hay mensaje y yo trato de hacerlo en mis canciones. Creo que superficial es la persona que piensa que el humor o la diversión no pueden ser tomados en serio; si vos pensás que tenés que ser solemne, como decía el negro Rada, entonces tenés que ser un “cansa-autor” no un cantautor.

-¿Te parece que hay también una especie de “pose de progresista” en esa seriedad?
-Sí, ese también es el “cansa-autor”. Yo no creo en que los artistas son siempre iguales, somos variopintos y un día nos despertamos consustanciados por la política local o internacional, y otro enamorados; como pasa con las canciones de Caetano Veloso. Yo trato de evitar una pose con lo que hago porque muchas veces uno ve en otros artistas que sin darse cuenta van creado su propia prisión donde tienen un kiosco. Es como si a mí hubieran venido a decirme: “Che vos, cantá en inglés el cachondeo y ya está”. Pareciera que los artistas queremos hacerles creer que somos unidimensionales, o pum para arriba o que siempre estamos deprimidos. Todo tiene que ver con esa observación que hizo Rada del “cansa-autor”, y esto sí hablando en serio, generacionalmente heredamos la posibilidad de hacer otras canciones gracias a una generación anterior que sacrificó mucho; gracias a un Víctor Jara que lo mataron; a un León Gieco o a un Charly, que fueron censurados; a los tropicalistas de Brasil; en Uruguay a Zitarrosa y a Viglietti; gente muy grossa. Acá tuve el gran honor de cerrar la noche musical por la aprobación de la Ley de Matrimonio Igualitario y me cayó la ficha de que cantamos sobre nuevas libertades gracias a esa generación anterior que cantó sobre las básicas. Pero si yo cantara sobre la libertad y lo linda que es como cantaron Víctor Heredia o Víctor Jara hace 30-40 años sería un demagogo y sería un “cansa-autor”.

-En tus discos hay colaboraciones de muchos notables, como por ejemplo, Lila Down. ¿Con quién te gustaría o creés que podrías compartir un disco?
-Con todos los que he tenido de invitados en los discos te diría. Con Lila (Down) ya hubo una colaboración muy linda en la canción “Baja a la tierra” porque ella me ayudó a terminar la letra y Fernando Cabrera me prestó su poema “Veredas de agua” antes de la canción “Vecino” que es un poco un homenaje a Zitarrosa. Pero de algún modo yo creo que esto recién empieza y por ahí te diría que a nivel colaboración creativa haría un disco con un Jorge Drexler, con un Paulinho Moska. Es que con ellos hay también pendiente un trabajo ya sea de girar juntos o de grabar algo juntos porque sabemos que está latente ahondar más en esta cuestión del buen raport, y afinidad estética que tenemos.

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