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Nico Olivera

Nico Olivera es futbolista. Fue Balón de Oro en Malasia 1997. Participó del Mundial 2002, jugó en España y México, pero su casa es Defensor Sporting.

Enero 25, por: Gonzalo Pollo

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El reggae, sus tatuajes, el fútbol, Valdano, Romario, la política de su vida y un paseo en helicóptero que realizó por Nueva York, son algunos de las cosas que Nico Olivera conversó con Freeway.

¿Cómo y cuándo te vinculaste con el reggae?

Fue hace muchos años. Íbamos con amigos escuchando de todo un poco y nos fuimos relacionando con ese tipo de música. Tiempos en los que yo era más joven y tenía más variedad para salir y había más variedad de música, no solamente una música determinada como hay ahora que puede ser la cumbia o el reggaetón. Antes te ibas a Carrasco, Punta Gorda o Pocitos y tenías rock argentino, rock and roll, reggae… Me acuerdo que con unos amigos íbamos a un lugar que se llamaba “Kingston” y ahí se pasaba reggae, ahí empezamos a conocer la música. De ahí en más me fui involucrando en la vida de Bob Marley, a tal punto que siempre lo he tenido como una inspiración y una motivación a la hora de jugar un partido.

¿Es verdad que cuando llegaste a España te tatuaste a Marley?

Sí, es así. En ese momento mi familia no veía muy bien el tema de los tatuajes. Los tiempos cambian y ahora es una cosa diferente. Entonces en un momento yo me voy para Valencia que fue mi primer pase, yo tenía 18, 19 años y viendo un poco entre comillas que ya era una persona independiente…. Apenas llegué a Valencia, por intermedio de unos compañeros, fui a un lugar, me hice primero la cara de Bob Marley y al otro día me hice el león jamaiquino con la bandera. Fue un poco loco, el tatuador me decía “cuantas ganas tenías de tatuarte porque de un día para el otro te hiciste dos tatuajes” (risas). Me gustó, quería tener algo significativo.

¿Tenés más tatuajes?

Sí, tengo. Tengo el símbolo de amor y paz en el brazo y tengo en la nunca en inglés “peace” paz.

Cuando fuiste al Valencia había nombres como Valdano, Romario y Ortega. ¿Qué me podes contar sobre esa experiencia?

Yo era muy joven, venía del tema de la selección y de repente me encuentro con jugadores de alto nivel. Ya no era Nico Olivera, era un jugador más entre otros que había en ese plantel, más allá de que había ganado en el Balón de Oro (Malasia). Estaba Zubizarreta, estaba Romario, Ortega, el Negro Cáceres, Carboni el italiano, Marcelino Carioca, el Piojo López, el Chemo Del Solar… Después se fue Valdano, pero igual me dio para conocer la parte intelectual del entrenador. Siempre me gustaba escucharlo, más allá de la parte política siempre tenía una idea diferente de todos los conceptos. Y bueno, hasta el punto de que él había escrito su primer libro y me lo regaló autografiado. Después con uno que a priori era para muchos intocable y era poco llegadero porque era muy tranquilo, callado, solo hablaba con Marcelino Carioca, era Romario. Y sin embargo conmigo bien de bien, siempre me decía que me quedará viéndolo como entrenaba definiciones mientras yo entrenaba tiros libres. La verdad que fue una experiencia muy buena, chocante, porque yo los veía por televisión y de repente podía estar conviviendo en un vestidor con ellos.

En Sevilla jugaste muchos años. Hay un clásico frente al Betis que aún se recuerda por aquellos lares.

La anécdota grande y que es el recordatorio de toda la gente de Sevilla tiene que ver con ese clásico que tú mencionas. Siempre la rivalidad Sevilla-Betis es muy fuerte. Entonces de repente en el campo de Betis donde estábamos jugando ese partido tiran un palo y a mi justo me paso cerca, entonces yo en el afán por no generar polémica se lo quise llevar al árbitro, y entonces un jugador de ellos me quería sacar el palo, yo no lo dejaba y se armó todo un revuelo porque yo quería darle el palo al árbitro y no lo quería tirar afuera como si no hubiera pasado nada. Y después de eso, para rematar, vinieron los dos goles (suyos) ganamos en la cancha de ellos y la verdad que fue sensacional. Luego el hecho de ir hasta el Sánchez Pizjuán (estadio del Sevilla) que eran 10 minutos pero que se hicieron eternos por toda le gente que nos recibió… me sacaron en andas, fue muy bueno. Cuando hay un clásico siempre me están llamando, recordándome el paso que tuve por ahí.

¿Cómo te llevas con la política?

No muy bien… Sí, ¿por qué?

Porque no se qué tan involucrado estás o no con la política. La política en un sentido amplio, no necesariamente la política partidaria.

La verdad no me baso en nada en particular… Lo único que sí intento es ser mi propio presidente, tener mi propio juicio. Poder ser cada día mejor y entender más al resto de las personas. Por eso siempre relato una canción de Bob Marley que en realidad fue un comunicado de un emperador, el rey Selassie de Etiopía pero que Marley lo hizo canción que dice: “Lo que me ha enseñado la vida, lo quisiera compartir con aquellos que quieren aprender”.

¿Qué te dejó el mundial de Corea-Japón 2002?

Me dejó una experiencia extraordinaria porque un mundial lo quiere jugar todo el mundo y quiere ir todo el mundo. El mundial es lo máximo para cada jugador. Defender a tu selección, donde te ve todo el planeta me parece extraordinario, por esa parte estuvo bueno. Convivir con jugadores, con rivales, con el ambiente que se creaba. Eso estuvo bueno, viví un mundial desde adentro. Después en la parte deportiva no muy buena porque no tuve mucha participación… Creo que hubo un cambio grande en su momento que pienso que no me benefició, me perjudicó, porque cuando se fue Pasarella hubo un cambio grande, más allá de modificaciones tácticas, de un viaje o no, hubo un cambio en la cabeza de la gente. No porque Púa sea menos o más, si no porque la cabeza de la gente cambió de cuando estaba Daniel a cuando estaba Púa. En el mundial yo lo entendí así.

¿Qué es jugar bien?

Es un poco un mito que tiene todo el mundo. Todo el mundo quiere ganar y para sacar el mejor beneficio desde el habla se dice “jugamos bien” “ganamos bien”. Yo no soy entrenador, pero ¿qué es jugar bien? o ¿qué es jugar mal?, porque no hay una realidad, no hay una distancia muy larga entre una cosa y la otra. Porque en realidad lo que vos querés es ganar, no te dan puntos por jugar bien o mal, te dan puntos por ganar. No sé, por ejemplo vos hoy ves al Barcelona y a mí de repente me aburre, porque más allá de la calidad de los jugadores, ya es todo muy estructurado, muy monótono, y no hay esas cosas que había antes que tenías a un Ronaldinho, a un Zidane, a un Ronaldo, no? Entonces, cambió. Y de repente dicen “juegan bien” y la verdad que sí, juegan bien, porque hacen 80 millones de pases seguidos, te hacen 5 goles y el rival no toca la pelota. Pero jugar bien no te asegura ganar y a veces “jugar mal” te asegura ganar. Depende lo que quiera cada uno. Yo me quedo conforme, especialmente conforme, entiendo y creo que jugamos bien cuando no te meten goles. Creo que hicimos una planificación aceptable y el equipo jugó relativamente bien porque no le marcaron y pudo hacerlo en el arco rival, hacer una diferencia. Después si haces 4 o 5 pases seguidos es otro tema… Hay momentos puntuales en el juego, hay que saber leerlos. Es un juego muy cambiante.

Vivimos en un fútbol histérico, ¿no?

Acá en Uruguay y en Argentina también, yo miro mucho fútbol argentino, no parece fútbol. Parece un deporte de contacto directo, parece rugby. No se pueden hacer dos pases seguidos porque ya te pegan, a veces las canchas no son las óptimas, o por ahí la presión de cada uno de los jugadores, o del equipo es tan grande que no lo dejan hacer a uno mismo. Y para ser uno mismo hay que soltarse y dejar de pensar lo que hay afuera e involucrarse con lo que hay adentro. De repente hay tanta presión que se busca más la facilidad, ¿la facilidad cuál es? Tirarla para arriba buscando a los de adelante y así constantemente. Tiene que ver también con cómo vivimos en la cotidianeidad, con la sociedad y con la realidad que está viviendo cada uno. Vas por la calle y de repente te encontrás con un auto al lado tuyo, una moto que se te quiere meter, una bicicleta y todos quieren llegar primero y llegas al semáforo y te juegan carrera a ver quién sale primero. O sea es todo muy loco, no hay un momento para estacionarse y pensar “vamos a bajar la pelota”. Eso se refleja en muchas cosas, no solo en el fútbol.

¿Te regalaste un viaje por NY en helicóptero?

En mis 30. Me fui 5 días a Nueva York. A mí me gusta EEUU pero siempre estoy un poco renegado por cómo te tratan en la aduana, son bastante especiales, más que especiales, entonces dije para pasarla mal no voy pero ta, al final fui. Me atendió un capo ahí en migración, la verdad súper bien, era mi cumpleaños “llegó hoy regresó en tantos días” todo bien. Llegué al hotel, después me fui a comer, siempre solo, dando vueltas, estaba a una o dos cuadras de la 5ta avenida, entonces me fui a recorrer, me fui a caminar. Entro a una tienda, había una chica que hablaba español le dije que quería pasear en helicóptero, me dijo que había un paseo y me pasa la dirección. Me tomé un taxi y me llevó al helipuerto. Era un paseo de 45 minutos recorriendo la ciudad y viendo los mejores puntos de Nueva York, fue muy bueno. Yo me imaginaba que sería un helicóptero grande, en realidad era un helicóptero para tres personas y era un huevito kínder, yo me quería morir ahí arriba (risas), ¿qué estoy haciendo acá arriba? nadie está enterado de que estoy acá arriba si me pasa algo. Una experiencia extraordinaria.

¿Qué representa Defensor Sporting en tu vida?

No hay una palabra concreta que pueda redondear el significado de lo que es Defensor Sporting para mí. Yo tuve a mi abuelo que en paz descanse, siempre con una idea de vida y con principios básicos de respeto y de agradecimiento, que tienen que ser los primordiales. Me crié en el futbol gracias a mi abuelo también, más allá de que antes era una pasión y no un trabajo. Yo tuve la suerte de estar rodeado por mi familia y obviamente por Defensor. Defensor aportó lo suyo en la parte emocional también de darme a tranquilidad de que ellos me iban apoyar más allá de mi familia. Me dio la opción si quería de estar más arropado estando en la casa de Defensor. Allí estaban Fadeuille, estaba el flaco Abreu, Manuel Abreu, había dos chicos de basquetbol del interior. Entonces ahí ya ibas conociendo otras cosas. Chicos que tenían las mismas aspiraciones que tenías vos y yo no las estaba aprovechando. Entonces llegaste ahí y te diste cuenta que tenés que levantarte ir al súper con compañeros, cargar 200 bolsas, después hacer la mesa, después hacer tu cuarto, vivías con más gente, había que cuidar la limpieza, ya no eras vos solo, estabas con más personas que vos no conocías… Entonces Defensor me dio todo eso, y todo eso me hizo crecer. En un momento en el que la parte económica era una incertidumbre Defensor me abrió los abrazos y me dio todo su cariño. Esas cosas son difíciles olvidarlas. Y después el hecho de venir y siempre estar acá, es como aquel que se va de su casa y más allá de ser solitario y que tenga la posibilidad de vivir solo, un días o dos va a comer a la casa de su madre, a mi me pasa eso, yo cada vez que vengo a Defensor es mi casa, ese es el sentimiento que tengo y ese sentimiento no lo puedo cambiar por otra cosa.

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