“Vendieron más discos que los Beatles”
»Sobre Arctic Monkeys
»El tema: “I bet you look good on the dancefloor”
»Por Freeway Web
Los políticos son ladinos (ante todo), y con total de ganarse la simpatía entre los votantes jóvenes son capaces de cualquier cosa, por ejemplo mentir, un recurso que los caracteriza tan bien como los cráteres a la luna. Una mañana de mayo del 2006, el actual primer ministro de Gran Bretaña Gordon Brown, por entonces ministro de Economía, declaró en una entrevista televisiva que todas las mañanas él escuchaba a los Arctic Monkeys. “Hacerlo es un verdadero golpe de energía”, dijo. La cosa quedó picando, y en posteriores entrevistas Brown fue incapaz de nombrar un solo tema de la banda. Supongo que para salir del brete habrá dicho algo así como, “es que me gustan todos, ninguno en especial”.
¿Quiénes eran los Arctic Monkeys que un político cincuentón del Partido Laborista y ministro de Economía los necesitaba todas las mañanas para sentirse enérgico?
Eran la banda en boga, el último gran suceso de la autobombeada música británica. Pero estos cuatro veinteañeros de un suburbio de Sheffield no eran solamente un mero invento de la industria; de hecho, su popularidad se la habían ganado en base a métodos ahora muy bien conceptuados: difundir su música gratis en Internet, despreciar a los grande sellos, firmar un contrato con una discográfica pequeña e independiente y tomarse el negocio como algo natural y divertido, sin importar cuánto bombo pudieran recibir de las radios o de los medios en general.
Entonces, cuando Arctic Monkeys editó su primer disco en enero del 2006, Whatever People Say I Am, That’s What I’m Not, éste se convirtió en el disco que vendió mejor en una semana en la historia de la música británica, y lo hizo en pleno auge del filesharing: 363,735 copias.
De ahí en más todo fue para arriba para el grupo. Vendieron, llenaron, ganaron premios. En las dos últimas entregas de premios de los Brit Awards (2007-2008) se llevaron el premio a mejor álbum y mejor banda. La última entrega fue el pasado miércoles. McCartney recibió un premio a su aporte musical y dijo que “la música británica era la mejor del mundo”. Amy Winehouse cantó y se la vio un tanto recuperada de su adicción. Los Arctic Monkeys recibieron sus premios disfrazados de cazadores de zorros.
Hace poco, otro político británico, el liberal Campbell, tratando de cancherear una afinidad con los Monkeys, también cayó en el redil. Dijo en la tele que le gustaban y que ellos habían vendido más discos que los Beatles. Una estupidez meridiana, producto de la confusión del bisoño político, quien erró en el dato por aquello del disco más vendido en una semana. Otro que se rectificó al tiempo fue el propio Brown, quien en un discurso aclaró que él no quiso decir que los escuchaba por la mañana, sino que escucharlos sería seguramente un golpe de energía. Y cerró con gracia: “Créanme, estoy más interesado en el futuro del círculo Ártico, que en el futuro de los Arctic Monkeys”.
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