¿Hola Susana?
»Te estamos llamando…
»…¡desde el ómnibus!
»Por Freeway Web
Pleno viaje y de pronto, el chofer para el ómnibus y baja. Pasa bastante seguido, las menos claro, pero a todos les ha pasado. Por lo general, se baja o para comprar comida o para calentar el agua o para comprar bizcochos (que está en el rubro alimenticio, pero no es comida propiamente dicho). Para comer, el conductor del ómnibus es muy o de la muzarella o de los panchos; y hay que decirlo, la muzarella es una cosa complicada para comer manejando (mucho aceite y mucho chorreteo si el queso está bien derretido). Bajar para calentar el agua para el mate pasa mucho, en Uruguay ni qué hablar y en Argentina un tanto; no así en Paraguay, que los chóferes lo toman frío. También se bajan para dar vuelta el mate y ponerle otro poco de yerba, lo que se dice ensillar. Aunque no debe, el conductor, como amo y señor del coche que se siente, muchas veces hace eso, para cuándo y dónde quiere, y realiza una tarea muy personal. Y el viaje, mientras, espera y observa algo incrédulo.
Hasta aquí lo normal. Ahora, ¿alguna vez se lo vio bajar para hacer una llamada por teléfono?
El blog Pernigoti registró hace algunos días la uruguaya escena del absurdo en el transporte colectivo, esa institución tan ligada a nuestra cotidianidad, identidad y, de tanto en tanto a hacer paros de 24 horas que complican más que jugar con Manrique en la zaga.
Y, como aquello del cliente, el conductor del bondi siempre tiene la razón. Si te partió al medio el auto, si le hizo un finito asesino a la bici, si se bajó a comprar muñecos de los Backyardigans para el hijo o se olvidó de bajarte en la parada correcta, siempre es culpa del otro, o sea tuya.
Arriba, se baja a llamar. ¿A quién? ¿A qué? ¿Juego de la cédula? ¿Para opinar en la Sport 8.90? ¿Matosas no se va?
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»Wed 06 | February 2008
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Muy en la linea está el último posteo del legendario Tarariras Herald.
www.tarariras.blogspot.com
Me parece que no. Además, es conocido que el Tarariras es un medio solapado de difusión de los valores armenios, para convertir gente uruguaya decente en asiáticos peligrosos.