Noche de cacería
»Todos tenían algo en común esa noche: conseguir una presa.
»La frase: “Una situación espantosa. Una noche bizarra y patética.”
»Por Kira
A mí no me gusta bolichear. Los lugares chicos, atestados de gente que camina sin sentido -por el simple hecho de caminar-, repletos de hombres que te rozan, que te tocan, que te dicen estupideces, no son lugares para mí.
Era la primera vez que iba.
Ya dentro del lugar, visualizo al grupo con el que pasaría la noche. Para mi sorpresa –desagradable sorpresa- se trataba de un grupo de doce amigas que tenían entre 35 y 40 años (quizás soy generosa con algunas, quizás esté “matando” a otras con la edad), todas solteras –solteronas, diría yo-. Estaban producidas como quinceañeras, bronceadas artificialmente y escotadas en una noche de frío polar.
Casi todas las mujeres que estaban en el boliche eran rubias, de mentira, de esas que eligen serlo. Tuve ganas de preguntarles a qué peluquería iban, porque aquello era como un desfile de Roberto Giordano en el que solamente podían apreciarse distintas tonalidades de amarillos. De un glamour tan berreta, que seguramente por eso los dueños obligan a las personas a cerrar las cortinas negras… es que a medida que pasan las horas el glam desaparece y comienza a chorrearse la grasa oculta.
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»Fri 14 | December 2007
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he vivido noches similares y han tenido efectos en mi, bastantes parecidos. con el tiempo aprendes a ver a tolerar ese tipo de cosas aunque a uno lo aborrezca, en parte tal vez por el miedo a terminar como uno de ellos, en parte porque cuando crees tener tu mundo definido y tus cosas rotuladas, ahí cuando estas seguro de estar en lo cierto es cuando verdaderamente te equivocas…