De Sam Shepard a Alan Pauls
»Reseña de los dos obras de Sam Shapard y Alan Pauls
»Los libros: “Crónicas de motel” y “La vida descalzo”
»Tiempo de lectura: 3′50”
Por un lado Sam Shepard, uno de los escritores y dramaturgos contemporáneos más importantes de los Estados Unidos, que ha destacado como músico, guionista, actor y director de cine vinculado a títulos muy reconocidos como Paris, Texas; Magnolias de acero o Black Hawk Down. Shepard también tiene un raro mérito, haber compuesto junto a Bob Dylan el tema de once minutos Brownsville Girl, y participar de la película Renaldo and Clara dirigida por Bob en 1978.
Una de las obras clásicas de la narrativa de Shepard es Crónicas de motel, libro que inspiró el guion de la celebrada Paris, Texas de Wim Wender, donde Shepard fue actor y guionista.
Por el otro lado Alan Pauls, argentino nacido en Colegiales en el año 1959. Pauls es licenciado en Letras, fue docente universitario y ha escrito novelas, artículos literarios, y guiones para televisión y cine. Arrancó a escribir en la temprana adolescencia emulando al escritor norteamericano Ray Bradbury, entreverando historias familiares con sucesos ocurridos en otros planetas de nuestra galaxia.
En el pasado año 2006, Pauls editó una nueva novela, La vida descalzo, una colección de ensayos que tienen como punto en común y de partida un tema: la playa. Desde ese lugar, Pauls construye y reconstruye un mundo mucho más personal y amplío.
Alejandro Roselló nos ofrece la breve reseña de estos dos libros, Crónicas de motel de Shepard (reeditado por Anagrama en el 2005), y La vida descalzo de Pauls. Un viejo y talentoso estadounidense, y un joven y prometedor argentino. Una obra clásica, y otra por descubrir.
»Título: “Crónicas de motel”
»Autor: Sam Shepard
»Editorial: Anagrama, 2005
Un amigo comentó que si su escritor favorito redactara una receta de cocina, la leería. Después de todo, podría haber cierto humor en la descripción de los recipientes a usar. O podría ser una receta deliberadamente falsa.
Otra manera de escribir recetas literarias es la de Sam Shepard (Illinois, 1942). Las Crónicas de motel huelen a comidas preparadas al costado de las rutas norteamericanas. El vapor se cuela por la ventanilla abierta de un remolque. Adentro de éste, un grupo de amigos se dirige a otro estado. O quizás el vapor entre por una hendija en una ventana a un motel en el que hay una discusión interminable.
En este contexto Shepard ambienta sus historias, que lejos de la narración clásica, se detienen en la descripción de momentos. En una de ellas, un hombre repite el gesto de llevarse la mano a la cicatriz de metralla que tiene en la nuca, cada vez que ve un avión. En otra, un guitarrista escucha la radio, pues cree que la trasmisión proviene de un país inaccesible: el Lejano País de la Radio. “Creía que jamás encontraría ese país, de modo que se conformaba con limitarse a escucharlo”.
El de Shepard es un intento por captar instantáneas. Crónicas de motel se compone de fotografías que son jirones de lugares y tiempos –al pie de cada pieza dice dónde y cuándo fue escrita; en contrapartida, no tienen título-. Unos textos están escritos en verso, otros en prosa. Pero aquellos en forma de poema son tan narrativos como poéticos los otros.
Es posible encontrar en una receta de cocina cierta poesía: por ejemplo, en la forma de leer la lista de ingredientes. Además, se debe seguir el modo de preparación paso a paso, en un orden casi narrativo. El resultado es un plato, es el aroma, es el momento de comerlo, es quien lo come, es la seriedad o la alegría de quien lo come; el resultado es una fotografía.
»Título: “La vida descalzo”
»Autor: Alan Pauls
»Editorial: Sudamericana, 2006
El interés por esta obra es, ante todo, el interés por Alan Pauls (Buenos Aires, 1959). Lo conocía de nombre y apenas sabía de él esas frases hechas, lugares comunes y datos menores que acompañan un nombre en el mundillo de la cultura: “Sí, Alan Pauls, el argento. Es novelista. Escribe en Página. Le cuelga el cine”. Cuando lo vi personalmente descubrí que además de todo eso, es un tipo ondero. Participó de un panel en la edición 2006 de la Feria del Libro de Buenos Aires. En su exposición Pauls logró un estilo particular al referirse a menudo a su vida privada. Y su vida privada tenía estilo, era ondera.
Compré La vida descalzo. El primer dato, para mi deleite, fue: “El programa de una noche normal en Cabo Polonio –la playa del Uruguay donde veraneo desde hace cinco años- tiene cierto aire de familia…” Lo personal irrumpía en la segunda línea. El gran Pauls no sólo entraba en escena en sus exposiciones, también lo hacía en sus textos. Pero, después de todo, ¿qué era lo que me atrapaba? Cierto aire de comunidad, concluí. La pretensión, quizás.
La vida descalzo es una colección de ensayos poco ortodoxos, con un vaso comunicante: la playa. Pero este ámbito es aquí personal, al punto de que tiene nombres y fechas. Esta obra es el intento de Pauls de dibujar su árbol genealógico sobre un mapa del Río de la Plata. Las líneas de descendencia subiendo y bajando por la costa atlántica argentina y, en algún punto, cruzando el Plata, para volver en marzo a Buenos Aires. Un mapa incapaz de reproducir fielmente una geografía familiar siempre cambiante, alterada cada año por los sismos de las peleas y las separaciones.
El punto de partida, la playa, propicia la creación. Éste es un espacio abierto, cualidad que hereda el escritor al momento de comenzar cada texto. La playa virgen es, en algún sentido, la hoja blanca: las posibilidades temáticas son casi infinitas. Por otra parte, Pauls explora las connotaciones más habituales de la playa; las cuales, en el análisis, desaparecen –se derrumban- sobre sí mismas. De este modo, Pauls hace de la playa un espacio aún más virgen. Precisamente –escribe Pauls-, “todo su sex appeal –y también su envidiable capacidad de enajenar- descansa en esa especie de castidad icónica”.
Las lecturas veraniegas no deben necesariamente ser livianas. Pauls lo sabe. Además sabe de literatura. La vida descalzo puede ser leído en Cabo Polonio. Quizás el lector dé con Pauls, quien al verlo leyendo su libro, le invite una copa. También puede empezar a leerse en la playa para terminarlo tras regresar a la gran ciudad. Es un buen cierre para el verano.
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»Thu 29 | March 2007
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Muy bueno. Siempre me gustó el trabajo de Shapard
Shepard es un genio, a mí me gustó a partir de Paris, Texas y después de eso siempre me mantuve cercana a sus cosas, libros o películas. La última peli que fui a ver de él fue el año pasado, la historia del actor de western que va en búsqueda de su hijo. Notable.
Alan Pauls tiene más de 50 años y varios de los libros que publicó se cuentan entre los mejores que se hayan escrito en los últimos veinte años. Lo de “joven y prometedor” va por tu cuenta.
tiene 47 años Pauls, es un tipo joven para la literatura todavía. Claro, también puede ser viejo mirando desde otro lado.
Hola a todos!
Soy Bárbara de Argentina, tengo 29 años y declaro públicamente que estoy súper enamorada de Alan Pauls jajaja!!!!
Lo vi por primera vez en Ciudad Abierta y me pareció muy interesante y simpático, creo que estaba junto a su hija, relatando algún recorrido por las calles de la Capital.
De “La vida descalzo”, volvería a leer una y mil veces las últimas líneas de la página 70. Si alguien escribiera esas palabras para mí, moriría de amor!!!!!